El último matrimonio feliz

EL ÚLTIMO
MATRIMONIO FELIZ:
Este lunes 21 de enero, después de ‘La hija del mariachi’, en el Canal RCN, no se pueden perder el gran estreno de ‘El último matrimonio feliz’. La novela que cuenta la historia de seis matrimonios de todas las clases sociales con una sola cosa en común: todos están en crisis.

Con la participación estelar de Alejandra Borrero, Ricardo Vélez, Valerie Domínguez, Elkin Díaz, Coraima Torres, Jorge Cao, Cristina Campuzano, Juan Pablo Espinosa, Diego Vélez, Carmenza Gómez, Quique Espinosa y Yuli Ferreira, entre otros. Bajo la dirección de Luis Orjuela, libretos de Adriana Suárez y Pedro Rozo; y la producción ejecutiva de Silvana Orlandelli.

SINOPSIS:
Seis matrimonios de todas las clases sociales con una sola cosa en común: todos están en crisis, para uno el problema es la plata; para otro, la infidelidad; en otros las causas van desde el desempleo, hasta el maltrato físico y emocional. Pero, el único matrimonio que aparentemente puede decir que después de veinte años está felizmente casado es el de Antonia (Alejandra Borrero) y Patricio (Ricardo Vélez). Sin embargo cuando Antonia se vuelve el salvavidas de todas las mujeres de estos matrimonios, el suyo también comenzará a tambalear.

Antonia, Bárbara, Paulina, Camila, Yorley y Margot, las mujeres protagonistas de esta historia, tienen algo en común: no viven de acuerdo a lo que piensan y sienten. Todo el tiempo ocultan su verdadero yo para no sentirse débiles y para no aceptar que se equivocaron, como si equivocarse fuera un pecado. De las seis, Antonia Palacio (Alejandra Borrero) es la única que todavía puede decir que sigue felizmente casada. La pregunta es, ¿hasta cuándo le va a durar la dicha? Y Paulina (Valerie Domínguez) es la que decide luchar, aunque de manera equivocada, pues ella cree que la hace más mujer luchar por una igualdad frente al sexo masculino, así tenga que sacrificar el amor de su vida.

Estas seis mujeres se casaron, como muchas otras, con el sueño de tener un matrimonio feliz y ahora como muchas otras, ya no están tan seguras de que esto sea posible en la vida real.

¿Y a quién echarle la culpa: a los hombres, a las viejas costumbres?... Quizá la culpa es de ellas mismas, pues cada una sabe en el fondo, que su pecado es callar lo que realmente sienten y piensan.

PERSONAJES:
Antonia Palacio
(Alejandra Borrero):
Casada con el trabajo (la mujer que todas quisieran ser porque lo tiene todo, pero sin su hija y sin su esposo no tiene nada). Antonia es una mujer alegre, emprendedora, profesional y con una familia envidiable. A sus 40 años se siente plena: tiene un excelente matrimonio desde hace 20 años con Patricio, su esposo extremadamente fiel, cómplice en todo sentido y con quien disfruta el sexo al máximo. Es madre de una hija con algunos problemas en el estudio, pero nada grave. Y es exitosa e indispensable para su jefe en la inmobiliaria en la que trabaja.

Patricio González
(Ricardo Vélez):

El marido ideal (un hombre que tiene en su esposa el amor perfecto, pero que la verá alejar por su trabajo y un terrible secreto que ella no compartirá). Inteligente, informal y con buen sentido del humor, tiene 43 años. Jamás se pone corbata y prefiere andar en moto que en carro. Trabaja independiente como abogado y resultó ejerciendo su profesión en el mundo del espectáculo. Asesora empresas de eventos especiales. En su época de juventud, tuvo muchas novias, todas muy bonitas, pero con ninguna duraba mucho tiempo. Sus padres le habían dado una formación algo bohemia a través de los libros, del arte, del cine y los muchos viajes que le ayudaron a ver el mundo con otros ojos. Con veinte años de matrimonio, Patricio sigue enamorado de su mujer, cada vez que puede se lo dice y no le importa expresarlo delante de quien sea.

Camila Andrade
(Coraima Torres):
Vive en una jaula de oro (una muñeca llena de lujos pero carente de amor, que aún sueña con la adolescencia que no pudo vivir y con la libertad). En la actualidad Camila es una de las figuras mejor vestidas y más atractivas del jet-set criollo. Es la esposa de Manuel Gómez, el jefe de Antonia, propietario de una gran empresa de bienes raíces. Tiene 40 años. Ella se la pasa entre cócteles, reuniones y viajes. Lleva una vida aparentemente feliz, pero en el fondo es una verdadera desgracia que comenzó cuando era adolescente por un origen turbio y lleno de sufrimiento. Su marido aprovechó eso para hacer una alianza que la dejará maniatada a él de por vida. Camila tiene una relación distante pero cordial con su marido. Cumple con lo que le toca, hasta tener sexo. No siente nada, no le inspira nada, para ella Manuel es el papá de su hijo y el hombre que sacó a su mamá de la mala vida. Su hijo de 23 años se llama Sebastián y apenas si la determina, pues la ve como una mujer de asuntos de la casa.

Manuel Gómez
(Jorge Cao):

Si hay dinero hay poder (las personas son sólo fichas que se pueden mover a un lado o al otro dependiendo de su conveniencia, menos su hijo Sebastián). En su juventud era un hombre físicamente muy atractivo y a los 58 años lo sigue siendo. Siempre viste impecable, sólo con ropa de marca y cuida mucho su figura en una forma casi obsesiva. Es un camaleón. La gente tiene una idea de él, pero pocos saben realmente cómo es. Hipócrita, narcisista, nadie está a su altura. Por eso, es hombre de pocos amigos. Siempre se le ha conocido por ser un hombre de mucho poder, con una gran habilidad para los negocios y con un sentido de la diplomacia envidiable, así después entierre el cuchillo. Por diez años, trabajó con Antonia y aprovechó todo el potencial de ella como vendedora para hacer negocios muy importantes con inversionistas nacionales y extranjeros. En algún momento las mujeres que él moldeó le sacarán las uñas y se sentirá desafiado y herido, puesto que no está acostumbrado a rodearse de personas que no tengan precio. No está dispuesto a disminuir su capital cuando Camila pretenda enfrentarlo y usará una estrategia que se le puede devolver. El talón de Aquiles de Manuel es definitivamente su hijo: Sebastián. Es lo único que verdaderamente lo desarma; por él está dispuesto a hacer lo que sea.

Margot Álvarez
(Carmenza Gómez):
Engañada, pero dará la pelea (pensó siempre en todos, menos en ella misma. Jamás se ha cuestionado si es feliz o no. La traición de su esposo la hará hacer cosas extremas). Esta ama de casa no es una mujer feliz, pero vive con lo que siempre soñó: una familia. Tiene un esposo y dos hijos (niño y niña), con los que tiene que lidiar desde que se levanta a las cinco de la mañana para luego salir corriendo a trabajar como secretaria hasta por la noche, y finalmente regresar a su hogar a seguir trabajando incansablemente hasta caer rendida y empezar el mismo trote al día siguiente. El estrés le crea una ansiedad hacia la comida y no hay semana donde no engorde un kilo y no tenga que llevar su ropa donde la costurera porque ya no cabe en ella. A sus 50 años, jamás se ha cuestionado si es feliz o no. Todo le parece normal: hasta la frialdad de su esposo con el que lleva más (mucho tiempo) de se meses sin hacer el amor. Lo que ella no sabe es que Armando, que es taxista, ya tiene su sucursal: una amante veinte años menor que él y que trabaja como operadora en la empresa. A ella, que educaron sin pensar nunca en el divorcio, el abandono de su marido por la otra le traerá problemas laborales como llegadas tarde y pérdida de memoria. Para reconquistar a su marido pensará en todo tipo de tratamientos de belleza, pero terminará engañándose a sí misma y ahí comenzará una nueva vida.

Armando Salgar
(Diego Vélez):

Una pasión a las carreras (la rutina de la vida dentro de un taxi lo llevará a los brazos de una mujer mucho menor, sin reflexionar en la familia que deja atrás). Taxista, esposo de Margot y papá de César David y Jenny. Armando es un hombre que entra en la crisis de los cincuenta, cuando descubre que su vida se ha vuelto prácticamente autómata y carente de pasión. Su relación con Margot se ha limitado tanto al problema del trabajo, del dinero y de la rutina, que Armando termina por cambiarla por Mireya, una mujer de 25 años que le inyecta a su vida toda la pasión que le hacía falta. Cuando Armando conoció a Mireya, su relación era sólo sexo. De motel en motel, tratando de que nadie los viera porque él era un hombre casado y ella era la telefonista de la empresa de taxis donde Armando trabajaba y los podían echar a los dos. Pero, ella lo pondrá entre la espada y la pared: o la esposa o ella. Sin embargo sus hijos no le dejan el camino fácil. Entre los dos y por motivos diferentes, Jenny porque lo necesita y le hace falta y César David por el odio que le tiene, deciden hacerle la vida imposible.

Bárbara Mantilla
(Valerie Domínguez):

Tan hermosa y tan maltratada (Una mujer muy de malas: su marido le pega, las mujeres la envidian por ser bonita y los hombres solo quieren acostarse con ella). Bárbara es una mujer de una belleza increíble y no tiene hijos. Tiene 33 años, alegre, divertida, torpe, con una baja autoestima, pero con muchas ganas de vivir y de separarse de su marido, que la maltrata física y emocionalmente. Creció en una familia de clase media con muchas carencias económicas fuera de la capital y era la menor de tres hermanas, por lo tanto jamás estrenó: siempre heredó de ellas la ropa y hasta los juguetes. Pero, su belleza es su gran gancho y la envidia de sus amigas. Cansada de pelear con su familia por sus malas notas en el colegio y de ser castigada por sus escapadas frecuentes a fiestas con sus amigos, encontró en Jesús a su salvación, y él le prometió cumplir sus dos sueños: ser modelo profesional y estudiar Diseño de Modas. Él descubrió sus carencias y le prometió esta vida y la otra con tal de que se casara con él. Bárbara aceptó sin saber que, a cambio de sus sueños, iba a vivir un infierno peor del que ella creía que estaba viviendo. Cansada de tanto maltrato, Bárbara se propone una nueva meta en la vida. Pero, una nueva golpiza la hará tomar la decisión de reiniciar como llegó a la ciudad: sola.

Jesús Espinosa
(Elkín Díaz):

La bestia de la bella (este encantador de serpientes y egoísta, no conoce otra forma de amar sin torturar a la mujer que todos desean y alentado por su mamá). Tiene 33 años. Es el esposo de Bárbara. Celoso, obsesivo y alcohólico. Jesús siempre ha estado deslumbrado con la belleza de su mujer, pero nunca la ha sabido amar por otro camino que no sea a la fuerza. La maltrata físicamente si ella no hace lo que él quiere. Jesús es contador de varias empresas y ha logrado tener buenos ingresos que gasta en su mamá, en tomar trago y de vez en cuando en darle gusto a Bárbara sobre todo si está arrepentido de haberle propinado alguna golpiza. Y es que Jesús siente que Bárbara le pertenece en cuerpo y alma. Le permite que se vista sólo de cierta manera, y puede verse sexy siempre y cuando se vaya a la cama para estar con él. Tampoco la deja trabajar, ni que lave un sólo plato en la casa. Bárbara es su muñeca prácticamente para que lo complazca sexualmente. Cando se iba a casar con ella, Jesús le prometió que su mamá no viviría con ellos y que le iba a comprar una casa, pero no fue capaz de cumplir su palabra. Matilde siempre se inventa algo para que no la deje viviendo sola. Pero en el fondo, el que no quiere vivir sin ella, es él. Se siente cómodo y tranquilo porque Matilde es alcahueta, le resuelve todos sus problemas económicos cuando los tiene, no paga arriendo y sabe que ella siempre está pendiente de lo que haga Bárbara para mantenerlo informado de todo.

Paulina Flórez
(Cristina Campuzano):

Su marido será su competencia (vendería su alma al diablo por ser la mejor en el trabajo y pasar por encima de todos, incluso de su marido en la misma empresa). Paulina, que tiene 29 años, siente que el mundo algún día va a estar a sus pies: aunque nació en una familia clase media con muchas privaciones, gracias a su tenacidad escaló posiciones: graduarse con honores en Administración de Empresas. Es arribista: jamás se conformó con tener ropa que no fuera de marca y así tuviera que empeñar lo que fuera, pero ella tenía que tener lo mejor. En la Universidad, conoció a Carlos, su esposo, su “alma gemela”: han pasado por situaciones muy similares para cumplir con sus sueños, pero él es menos apasionado que ella y tenía claro que no iba a pasar por encima de nadie para cumplir sus metas. Un profesor la recomendó en una Multinacional y el sueño cumplido: un buen sueldo, no más deudas, no más vida austera y no más clase media. Desde ese momento, Paulina se concentró en comprar cosas: ropa, joyas, carro y, para no sentir que Carlos se había quedado atrás, le consiguió a él puesto en la empresa. Lo único que los diferenciaba a los dos era Manolo, el perro que Carlos había comprado a pesar de que Paulina odiaba a los perros. Lo que no se imaginaban era que sus carreras profesionales se iban a cruzar y que solo uno de ellos se podrá quedar con un puesto en la empresa…

Carlos Alberto García
(Juan Pablo Espinosa):

Ambicioso, pero de buen corazón (la vida lo pondrá a competir con quien más ama y tendrá de nobleza de compartir lo que ha obtenido, menos a su perro). Esposo de Paulina, de 30 años. Es el típico yupi de clase media, que gracias a su perseverancia y su ambición logrará volar alto. A pesar de que Carlos se siente mal de ver la frustración profesional de Paulina, no puede evitar sentirse orgulloso de haber triunfado laboralmente ni vanagloriarse de cada lujo que se va dando en tanto su nivel de vida va subiendo. Sin embargo, Carlos es un hombre tierno y noble, profundamente enamorado de su esposa y dispuesto a recuperarla cuando la ambición esté por encima del amor. Pero, en el camino y con la frustración de haber perdido a su mujer, conocerá a Chantal, una mujer tan hermosa como Paulina, pero completamente opuesta a ella en cuanto a su personalidad. Su otra adoración será Manolo: su perro.

Yorley Zuñiga
(Yuli Ferreira):
El progreso es su lema (esta luchadora no conoce la pereza y sueña con una casa propia, así su marido no se crea digno para hacer lo que no estudió). Ha vivido más que muchas otras de su edad y poder tener una casa es su gran sueño. Vive con Mario, el amor de su vida y con quien tiene una hija de 10 años (Olivia). Ella sueña algún día con conseguir una estabilidad económica básica: una casa en dónde meter la cabeza, una educación y una vida decente para su hija y un mejor futuro para ambos. A pesar de ser su origen humilde, Yorley es una mujer llena de sueños, es infatigable. Desde que repartía leche de casa en casa en el campo, hasta que decidió irse con Mario para la ciudad. A sus 26 años, tiene dos trabajos: de día sirve tintos en la empresa de Antonia y, por la tarde, limpia pisos en el salón de belleza de Harold. Aunque por la noche termina agotada, no le queda otra salida que seguir “partiéndose el lomo” hasta que Mario no consiga trabajo. Aquí comienza el dilema, porque Mario logró estudiar, hizo una carrera en el SENA y, gracias a eso, pudo trabajar en “screen” (estampados de camisetas y pasacalles) durante muchos años y se ganaba un buen sueldo hasta que la fábrica cerró. Mario, desde entonces, no ha podido conseguir otro empleo porque no quiere sino trabajar en eso. Cualquier otra cosa le parece que no está a su altura: mesero o portero.

Mario Herrera
(Quique Mendoza):
Un orgullo que no da plata (dicen que el estudio es la puerta del trabajo, pero el problema es vivir del recuerdo y quedarse esperando sin dar el primer paso). Mario, de 28 años, es el esposo de Yorley. Medio gruñón, a veces impaciente e intolerante, pero en el fondo noble, de buenos sentimientos. Toda la amargura y frustración que siente por su vida la olvida a la hora de estar con su hija Olivia, con la que se derrite y se vuelve el más tierno y comprensivo de los papás, hasta el punto de ser muchas veces alcahueta de sus travesuras. A pesar de que lleva once años viviendo con Yorley, jamás le ha pedido que se casen y no porque no la quiera, sino porque cuando decidieron vivir juntos no tenían ni con qué comprar. Mario creció en una familia del campo, machista, donde la carga del hogar la lleva el hombre, pero junto a Yorley aprendió que, entre los dos, era más fácil. Sin embargo, después de que quedó sin trabajo, comenzó a cambiar de idea. Mario se sentía pequeño, débil, al lado de su mujer que en vez de uno, tenía dos trabajos. Y, en vez de solucionar su propio conflicto lo agravó más, se rehusó a conseguir un trabajo que no fuera como el que tenía antes o mejor. Él ya no estaba para ser mesero o portero. No se había quemado las pestañas para eso y le daba rabia que Yorley no lo apoyara, sino que lo presionara para que se empleara en lo que primero saliera.