Jaime Camil

Jaime Camil:
“La fama te vuelve paranoico”

Aunque lleva 20 años en la profesión, es ahora cuando la popularidad lo ha sobrepasado. Jaime Camil interpreta a Santiago en ‘Las tontas no van al cielo’. La televisión es la culpable de que este actor mexicano, curtido en el cine y el teatro, no pase inadvertido en su país. El éxito arrollador de ‘La fea más bella’ y la excelente acogida de ‘Las tontas no van al cielo’, lo han encumbrado como el nuevo galán. Sorprendido, Jaime Camil nos habla de ello y de su personaje en su última novela, que aún está grabando.

-¿Algún parecido con el mujeriego y maniático Santiago, de ‘Las tontas no van al cielo’?
Muy pocos. Es verdad que en mi casa necesito que todo esté en orden, en eso sí soy muy estricto. Y aunque no tengo hijos, sé que, cuando sea padre (algo que me apetece muchísimo), se me dará tan bien como a él, porque me encantan los niños. Y no soy tan ligero de cascos como Santiago, respeto mucho a mi pareja.

-¿Cuándo pierdes el interés en una mujer?
Cuando está demasiado pendiente del sexo.

-¿Has hecho alguna locura por amor?
Dije en casa que iba a ponerme de barrera humana en una visita del Papa a México, pero en realidad iba con mi novia a Acapulco.

-Pero has tenido muchas novias…
Sí, pero nunca he estado con dos mujeres a la vez. Que haya tenido muchas relaciones quizá esté relacionado con que soy un poco cobarde y me da miedo estar solo.

-¿Y cómo estás ahora?
Felizmente ennoviado con la modelo Heidi Balvanera, con la que estuve hace unos años. La adoro.

-Aparte de tu novia, ¿tienes alguna otra ‘afición’?
(Risas). Disfruto curioseando en los bazares y me apasiona coger la moto, tomar cualquier ruta y quedarme a dormir donde sea.

-¿Lo haces a menudo?
No, porque ahora, cuando llego a un sitio, todo el mundo me reconoce y se acercan a mí. Ya no puedo moverme igual que antes.

-Entonces, ¿cómo disfruta Jaime Camil de su tiempo libre?
Me quedo en casa con mi novia o voy a restaurantes donde hay intimidad. Llevo 20 años en esta carrera y algún reconocimiento público he logrado, pero del que tengo desde ‘La fea más bella’ jamás lo hubiera imaginado. Estoy feliz y orgulloso, pero también he pagado un precio.

-¿Y merece la pena?
Sí, porque la recompensa es maravillosa: el cariño de la gente. Hasta en España tengo un club de fans.

-¿Resulta complicado continuar siendo la misma persona?
Sí, además, con los teléfonos móviles, la gente te hace una foto sin preguntarte y eso me parece feo, porque te ataca y limita tu espacio. Es muy desagradable, sientes que están esperando a ver cuándo se te cae la comida para vender luego la imagen.

-¿Qué haces en esa situación?
Intento no salir; y cuando lo hago, le pido a mi chófer que me espere a la salida para no tener que caminar mucho y que no puedan fotografiarme. La verdad es que la fama te vuelve un poco paranoico.

-¿Tienes algún reto profesional?
No, he hecho personajes muy dispares, así que no hay uno que desee interpretar. Y creo que el actor tiene que estar donde lo llamen. Además, cada proyecto es un desafío porque, aunque sea igual al anterior, hay que hacerlo diferente.

-¿De quién heredaste la vena artística?
De mi madre, que es una cantante y pintora brasileña. Cuando el arte te llega por el cordón umbilical, no hay nada que hacer.

-¿A qué te dedicaste, antes de ser actor?
Fui repartidor de equipos médicos en una empresa de mi padre.

-Una faceta desconocida...
Participo en actividades altruistas, por ejemplo ayudar a los niños con anorexia o enfermos de cáncer.

Un actor camaleónico:
Al galán de telenovelas mexicano no le importa perder atractivo si es por un buen papel. En el 2004 se armó hasta los dientes para encarnar a Eufemio, el hermano de Emiliano Zapata (Alejandro Fernández) en la película Zapata: el sueño de un héroe. También ha hecho de pirata y de sacerdote.