Diana Quijano: “Camila es mi mejor personaje”


La actriz peruana interpretó a Camila en la telenovela de Telemundo: 'Victoria'. Se sinceró y siempre dice lo que piensa, como Camila, pero a diferencia de ella reconoce que, cuando sus palabras hacen daño, se siente fatal. Y es que, tras ese escudo de mujer fuerte y segura, Diana Quijano oculta un alma sensible y vulnerable.

-¿Qué compartes con tu personaje además de la franqueza?
Como Camila, yo también soy una persona bastante solitaria.

-¿Te enamorarías de un veinteañero como Santiago?
Tan joven no, porque no estoy para cambiar pañales.

-¿Qué tal trabajaste con el actor que lo interpreta, Ricardo Abarca?
Bien; era muy tranquilo y modosito. Tenía que decirle “agárrame”, porque estaba intimidado.

-¿Te ocurre esto en la vida real?
Lo que pasa es que soy muy franca y los hombres siempre me han tenido miedo. Cuando era joven, ningún chico se me acercaba y yo me preguntaba: “¿Seré fea?”. Tiempo después, un director me dio la respuesta: “Es que parece que si te decimos algo, nos vas a pegar un puñetazo”.

-¿Te agrada la idea de intimidar a los hombres?
Sí, porque nunca he tenido que pasar por la situación embarazosa de zafarme de un acoso. Si un hombre se me acerca, tiene que ser sutil para que no me sienta agredida. La imagen de fortaleza es tan sólo una coraza. Toda mujer tiene su lado sensible, débil y vulnerable.

-¿Cómo te gustan los hombres?
Es fundamental que sepan escuchar, porque casi todos quieren hablar de sí mismos. También han de tener sentido del humor e inteligencia. Y buena dentadura (risas).

-Llevas divorciada varios años. ¿Estás saliendo con alguien?
No, ni quiero. Por un lado, no tengo tiempo; por otro, no voy a llevar a mi hija de 10 años a casa de nadie ni tampoco metería a un hombre en mi hogar. Cuando tenga pareja, cada uno estará en su domicilio. Así no sabré si ronca o es desordenado.

-En cierto momento de la telenovela ‘Victoria’, Camila es maltratada, ¿te ha pasado algo parecido?
No. A mí la violencia me saca de quicio. Creo que, si me tocasen, yo también golpearía a muerte.

-¿Eres tan incondicional como ella en tus relaciones de amistad?
Soy muy celosa en este terreno. Mis dos grandes amigas viven en Perú y me molesto mucho cuando me entero de que están haciendo demasiado caso a otra persona.

-Diana, ¿qué balance haces de tu paso por ‘Victoria’?
Muy positivo. Este es el mejor personaje que he interpretado y el más completo: tiene sentido del humor, sarcasmo, atracción sexual, debilidades... Todo lo contrario a lo que he hecho hasta ahora, puesto que siempre me tocó ser la mala.

-¿Tu hija suele verte en televisión?
No. Creo que los niños no deben ver telenovelas porque puede resultar perjudicial para su educación. En vez de decirle que no vea la televisión, lo que hago es proponerle otras actividades. De todos modos, Samikai es bastante responsable, hace su cama todos los días y también sus tareas del colegio. Es básico que desarrolle el hábito del estudio.

-¿Eres una madre estricta?
Sí, pero con mucho amor. Continuamente le digo que la adoro y que es lo más importante para mí. Mi hija entiende que la disciplina es necesaria, pero por supuesto podemos hablar de todo, desde relaciones sexuales hasta cualquier duda de otra clase que tenga. Trato de ser lo más abierta posible.

-¿Crees que seguirá tus pasos?
Siempre pensé que no, pero la apunté a clases de teatro para que superara su timidez y parece que le ha gustado. Yo estoy encantada.

-¿Tienes algún proyecto profesional a la vista?
Estoy preparando un monólogo cantado con dos sobrinos compositores que pondrán la música. También existe la posibilidad de hacer una obra de teatro con Arturo Peniche (Enrique) y una telenovela en México, que se grabará en noviembre.

-¿De qué tratarán los monólogos?
De la mujer cuando llega a los 40.

-A tus 46 años, ¿te preocupa mucho el paso del tiempo?
Ahora me siento estupenda, pero tuve mi gran crisis a los 35, cuando la gente empezaba a llamarme señora. No fue una etapa sencilla. Acababa de llegar a Estados Unidos desde Perú, engordé diez kilos y no atravesaba un buen momento laboral. Sentí como si hubiese envejecido una década.

-Pero, ¿superaste la prueba?
Sí, y me vino bien. En mi país era muy conocida y pensé que en Miami iban a abrirme todas las puertas, pero tuve que comenzar desde cero. Había mucha soberbia dentro de mí y esas dificultades me hicieron tocar tierra y me ayudaron a ganar mi puesto de nuevo, con más madurez.

-¿Cómo te cuidas?
Bebo mucha agua y té verde. Además, voy al gimnasio de vez en cuando para hacer yoga y pilates. Nunca hago abdominales, pesas ni nada que requiera demasiado esfuerzo.

-¿Has recurrido a la cirugía estética?
Claro. Yo ya me he hecho de todo (risas). En los primeros capítulos de la telenovela, por ejemplo, Camila aparecía con las cejas levantadas porque me pusieron bótox para disimular los surcos en la frente, pero, cuando me vi llorando en pantalla, dije: “No quiero más bótox si las cejas van a quedarse así”.

-¿En qué te gusta gastarte el dinero?
En cremas, como Camila (risas). Me llaman mucho la atención los tratamientos estéticos. Yo le doy mucha importancia al dinero porque con él puedo pagar mis deudas y suaviza la ansiedad que te asalta cuando te quedas sin trabajo.

Una gran amiga:
La estrecha relación que unía a Camila con Victoria fue más allá de la pequeña pantalla. “Victoria Ruffo y yo nos hicimos muy amigas. Nada más acabar las grabaciones, me invitó a su casa de Cuernavaca, en México”, cuenta.