Miguel Ángel Silvestre


El actor Miguel Ángel Silvestre, de 26 años, es reconocido por su papel de El Duque en la versión española de la serie ‘Sin tetas no hay paraíso’, que le ha convertido en el chico del año en España

-¿Alguna vez imaginaste que interpretarías un personaje tan intenso como ‘El Duque’?
Todo actor sueña con un papel así. Además, El Duque es un personaje que la gente ha aceptado muy bien, estoy muy contento. Ahora me toca estudiar y prepararme bien los personajes que estén por venir para poder sorprender con otros papeles tan ricos en matices como El Duque. Como en la película ‘3:19’, por ejemplo, donde interpreto a un chico enfermo al borde de la muerte... Es un personaje que se va desnudando emocionalmente dentro del filme. A veces eso es difícil porque a todos nos cuesta sacar al niño que llevamos dentro.

-Eres una actor muy asediado, ¿eres tímido?
Pues me he hecho más tímido ahora. Antes no lo era, porque como nadie me conocía, me daba igual. Pero ahora sí tengo más cuidado con todo lo que hago.

-¿Cómo te ves dentro de 10 años?
Rodeado de mi gente y profesionalmente… ¡lo que diga la vida! No me gustaría que me pudiese el trabajo, o sea, que el trabajo me alejara de la gente a la que quiero. Eso no.

-¿Temes no tener tanta fama como ahora?
Ahora mismo estoy viviendo una etapa maravillosa de la que estoy aprendiendo mucho. La fama me ha acercado más a mi familia y a mis amigos, que son quienes me hacen sentir como el ‘Miguel’ al que le encantaban los bocadillos de Nocilla cuando era pequeño.

-¿Qué te molesta más: que por la calle la gente te mire o que no te mire?
Depende. Si me miran y me sonríen, pues eso que te llevas para casa, una sonrisa de alguien; y si no me miran, pues soy yo el que me sonrío a mí mismo...

-Casi diez años trabajando duro por lograr un hueco en este mundo hasta que, de repente, el éxito llegó, ¿cómo se vive eso?
Aunque no lo creas, en el fondo siento que es algo maravilloso. Todo esto que me está pasando es muy bonito, aunque reconozco que sí, que ha venido muy de sopetón.

-¿Qué semejanzas tienes con tu personaje, El Duque?
La verdad es que tengo poco que ver con él. Es un tipo al que el destino le ha castigado mucho, al que han obligado a vivir demasiado deprisa. Y yo no me puedo quejar de nada de eso: tengo una vida feliz, unos padres increíbles y mucha gente que me quiere.

-En este último año, te has convertido en el hombre más deseado en España, ¿no es algo que puede llegar a incomodar?
El cariño de la gente nunca incomoda, menos cuando llevas tantos años trabajando para que se reconozca tu trabajo. Molesta más el acoso de los paparazzis y de cierto tipo de prensa. Porque sinceramente, no sé qué les puede interesar de mi vida privada. Entre otras razones, porque últimamente no tengo mucha: de casa al trabajo y del trabajo a casa.

-Tu papel de boxeador en ‘La distancia’, por el que ganó un premio en el festival de Toulouse, recibió el aplauso de la crítica especializada, ¿te gusta más eso que una audiencia millonaria en televisión?
Es distinto. En la época que vivimos no podemos olvidarnos del poder de la televisión, fíjate, en Estados Unidos con las series, y tampoco de que nos da trabajo y reconocimiento a un montón de actores. Pero es lógico que el aplauso por una película así, cuyo rodaje fue tan duro, te provoque cierto hormigueo difícil de superar.

-¿Qué fue más complicado: meterse en la piel de un boxeador o en la de un gángster como El Duque?
Sólo te diré que me derrotaron siete veces, y el primer día, después de un KO, salí corriendo, me encerré en un baño y me eché a llorar. Cuando paré, comprendí que, si no había aprendido a aceptar el dolor, al menos ya podía comprenderlo.

-En la telenovela hubo escenas subiditas de tono, ¿te cuesta mucho grabarlas?
Yo creo que cuanta menos ropa tienes, más desnudo estás en todos los sentidos. Tienes pocos apoyos, pero cada vez aprendes a desenvolverte mejor en ese terreno.

-¿Cuántas horas dedicas a mantener ese cuerpazo?

No soy mucho de gimnasio. A mí lo que me gusta es hacer deporte: boxear, jugar al tenis, al paddle, salir a correr...

-¿Qué importancia le das al aspecto exterior?
Todo en su justa medida. A mí el físico me ayuda, sería absurdo decir que no. Pero el talento y la personalidad siempre tienen que estar por delante.

-¿Cómo sería tu paraíso particular?
Estar rodeado de todos los amigos que vas haciendo. Yo soy de Castellón, viví en Barcelona, en Valencia, en Madrid… Mi paraíso sería recoger todas esas experiencias con la gente que he conocido y que hubiera luces, ‘disc jockeys’, fiesta, cerveza, playa... Y, por supuesto, mis compañeras de la novela, que son unos bellezones.

-¿Te consideras un galán?
Soy un chaval de barrio y nunca me había planteado algo así. Pero los guionistas me lo ponen fácil.

-Pronto te veremos en la gran pantalla con ‘Lío entre las sábanas’, dirigida por Alfonso Arau. Suena a salto internacional...

La rodamos en Italia, está ya en fase de post producción y espero que sea un éxito, claro. Trata sobre la llegada del cine a la zona de Nápoles, allá por 1905, y las sábanas a las que se refiere son las que servían para proyectar las imágenes. Lo mejor de todo es que en ella he trabajado con gente increíble, como Geraldine Chaplin, Anne Parillaud y María Grazia Cucinotta.

-Fue tu primera incursión en el cine americano, ¿seguirá haciendo cine fuera de España?
El salto a Hollywood siempre es algo que ronda en la cabeza de un actor, sobre todo después de ver lo bien que les va a Penélope, Javier Bardem y Antonio Banderas. De momento prefiero ir poco a poco, perfeccionando el inglés y tal, aunque nunca se sabe...

-Hace tres años reconocías que todavía no eras una persona demasiado madurada. Ahora, cumplidos los veintiséis, ¿la cosa ha cambiado?
Supongo que las experiencias acumuladas te hacen madurar sin que te des cuenta, pero en el fondo sigo teniendo mucho de niño, sobre todo porque necesito tener a mis padres cerca.

-Últimamente habla poco más allá de todo lo que rodea a El Duque. Será por eso que todavía hay quien cree que tu voz es así de ronca de nacimiento...
Tengo el tono grave, pero no tanto (risas). Lo de la voz fue una aportación que se me ocurrió para el personaje, porque le acercaba más a los grandes gángsters del cine. Cuando aceptaron la idea comencé a entrenar con un logopeda, y gracias a él he logrado el efecto buscado sin destrozarme por ello la garganta.