Hugo León Ferrer, el gran productor de telenovelas


La pasión que imprime en cada producción y el afán por superarse definen la carrera de este importante productor colombiano.

Su padre, Hugo Alberto León Gutiérrez, es pintor; y su madre, Conchita Ferrer Meluk, cantante, por lo que no extraña que tanto nuestro protagonista como sus cinco hermanos hayan heredado su vena artística. Pero, mientras el resto se hicieron músicos, él no dio rienda suelta a su creatividad hasta que fue adulto.

Hugo León nació el 10 de diciembre de 1955, en Quibdó, Colombia. Su infancia transcurrió como la de cualquier niño y, acabada la escuela, se matriculó en Ingeniería Electrónica pese a la pasión que siempre había sentido por la música.
Tras siete años en la universidad, comenzó a trabajar en un canal de televisión, Inravisión, donde estuvo otros siete años dedicándose al mantenimiento de equipos. Fue allí donde conoció a Pilar, la mujer de su vida. Se casaron en 1981 y tuvieron una hija dos años después, Natalia Pilar.

Hugo parecía tener una vida plena, pero un día todo cambió: “Arreglando una cámara me di cuenta de que no me gustaba lo que hacía, me aburría. Fue entonces cuando investigué y descubrí el apasionante mundo de la producción”. Gracias a su buen hacer, no tardó en ser nombrado director del canal.

Pero había alguien que ya se había fijado en él. “En 1988, Patricio Wills me propuso trabajar en la productora RTI. No tuvo que esforzarse mucho para convencerme; creo que es la empresa que más cuida el producto y para mí era un privilegio estar allí. Firmé el contrato en una servilleta mientras almorzábamos”. Así se hicieron socios y empezaron a hacer telenovelas.

Había encontrado su verdadera vocación y, además, a nivel personal un nuevo acontecimiento lo llenó de felicidad: el nacimiento de su segundo retoño, Hugo Mateo, en 1990. Hoy se siente orgulloso de sus dos hijos: “La mayor estudió cine en Nueva York y el pequeño estudia en Boston. Cuando finalice, hará Publicidad”.

Apasionado de su profesión, su mayor deseo es inculcarles ese entusiasmo: “Siempre les digo que no se sientan obligados a elegir una profesión porque hay que hacer las cosas con ilusión. Trabajar en lo que a uno le divierte y encima que le paguen es lo más maravilloso del mundo”.

Tiene muy claro que la finalidad de su trabajo es entretener a los espectadores, algo realmente complicado en la época en la que vivimos. Sin embargo, el exigente productor no sólo ha conseguido su objetivo, sino que además se ha convertido en el Rey Midas de las telenovelas.

-¿Qué debe tener un producto para que apuestes por él?
Tiene que ser diferente y que me llame la atención por el casting, el guión... Yo hago mucho zapping y estudio lo que me hace detener el mando. No hay una fórmula, es cuestión de sensaciones.

-Tu labor no se aprende en una universidad...
No, es algo intuitivo; hacer televisión es un arte. Además, tienes que vibrar con lo que haces, algo que a mí me sucede.

-¿Cómo es un día en la vida de Hugo León?
No tengo horarios. Me levanto sin prisa, hago un poco de deporte y, de esta manera, llego despejado a la oficina. Allí, reviso el correo y voy a las salas de edición para supervisarlo todo. No soy hombre de regañar, pero sí soy muy exigente. Regreso a casa a la hora de cenar, aunque allí continúo trabajando.

-¿Y tu familia no dice nada?
Tengo la suerte de contar con su apoyo, pero siempre trato de sacar tiempo para estar con ellos. Además, mi mujer es mi consejera. Aunque no se dedica a esto, presto mucha atención a sus comentarios como espectadora.

-Estás siempre rodeado de bellas actrices, ¿no siente celos?
En absoluto. Si fuera así, no llevaríamos casados 27 años o yo no me dedicaría a esta profesión.

-¿Cuál es el mejor producto por el que has apostado?
El que me más satisfacciones me ha dado ha sido ‘Pasión de gavilanes’. Era un momento duro para la compañía por la crisis del país, incluso se pensó en cerrar RTI. Pero tuvimos el valor de hacerla. La novela dio la vuelta al mundo y, a partir de ahí, nos pidieron más.

-Cuando llega un guión a tus manos, ¿qué proceso se sigue?
Entre todos decidimos si nos gusta la historia. Después empiezo a crear atmósferas, buscar localizaciones... Y luego ya viene la elección del vestuario, de los actores...

-¿Todos hacen casting?
Alguna vez tienes claro quién va a bordar un personaje, como Christian Meier en ‘El Zorro’. Pero la mayoría pasa las pruebas oportunas.

-¿Te ocupas personalmente de los contratos de los actores?
Sí. No me gusta decirles: “No es mi problema”. No soy financiero ni abogado, pero prefiero que se sientan bien.

-El productor siempre está ligado a la parte económica, ¿qué importancia das al dinero?
Mucha, pero una gran inversión no siempre implica una producción buena. Hay que encontrar el equilibrio entre costes y calidad. Y por supuesto, mantener la creatividad: todo debe llamar la atención. La audiencia es sabia y distingue lo que es bueno, sea cual sea su nivel cultural.

-Y en tu vida personal, ¿en qué te gusta gastártelo?
En viajes. Me encanta conocer mundo y descubrir otras culturas. También me fascina el arte, ir al cine, al teatro... Pero sobre todo lo invierto en el patrimonio y en la educación de mis hijos.

-Has obtenido varios premios, ¿es algo que te motiva?
No me gustan porque alimentan los egos dentro del equipo y te lo acabas creyendo. Yo creo que nosotros no trabajamos con esa finalidad. Es más, nunca he acudido a recoger ninguno, siempre fueron otros en mi lugar.

-¿Te apetece producir cine?
Hice una película hace años y no fue muy bien, pero ahora que Colombia ha avanzado en este terreno sí me apetecería.

-De las primeras novelas a las actuales, ¿qué evolución ves?
En los comienzos del género, a los que nos dedicábamos a esto nos consideraban mediocres. Nadie se daba cuenta de que hacer una novela era mucho más difícil que hacer cine porque trabajas a contrarreloj. Con los años, he conseguido superar el complejo de inferioridad. Por otra parte, ahora los equipos son mucho mejores.

-¿Y ha variado el gusto de los telespectadores?
Piden lo mismo que hace veinte años... ¡entretenimiento! Eso nos obliga a los productores a ser más estrictos en la parte creativa para poder retener a un público que cada día tiene más opciones.

-¿Qué tres ingredientes ha de tener una novela para triunfar?
Primero un buen guión, luego un buen guión y, por último, todo lo demás.

-¿Te preocupan las audiencias?
Sí. Me aterroriza aburrir a los espectadores, a los cuales respeto. Lo más difícil es llegar a los jóvenes en un mundo donde impera el ordenador y los videojuegos.

-Después de llegar a lo más alto, ¿cuáles son tus metas?
Hacerlo todo mejor, pero no por una cuestión de poder, sino de realización personal.

-¿Te imaginas retirado?
No entra en mis planes. Además, el artista siempre necesita expresarse; el arte es algo que lo llevas hasta el día que te mueres.