Carolina Ramírez


Carolina Ramírez nació en Cali (Colombia) en 1983. Llegó a la capital de su país, Bogotá, con su familia a explorar nuevas tierras y está enamorada de la ciudad. Era amante del ballet pero ahora la actuación es su prioridad. En la actualidad es Mariana Solano, la protagonista de la telenovela del Canal RCN, ‘Las Trampas del amor’, junto con Ezequiel Stremiz (que interpreta a Alejandro Negret).

Después de interpretar a Rosario en ‘La Hija del mariachi’, la actriz de 25 años se lanza al ruedo con otro papel protagónico en la telenovela ‘Las Trampas del amor’, una historia dirigida por Armando Barbosa ‘Rambo’ y la Producción Ejecutiva de Alessandro Basile.

A pesar de que en esta ocasión Mariana, personaje que interpreta, no llora tanto como Rosario, su anterior protagónico en ‘La hija del Mariachi’, si existe una coincidencia particular. Carolina será pareja en el set de otro actor extranjero.

Carolina Ramírez y el actor argentino Ezequiel Stremiz son los protagonistas de esta historia. La caleña se metió cada noche en los televisores colombianos para recrear una historia llena de intriga, aventura, celos, codicia y ambición, marcada además por un ambiente policiaco y de persecución.

Siendo también bailarina, la actriz en esta producción demostrará sus dotes con bailes aéreos y coreografías, propios de su personaje; una mujer que además de abogada y proviene de una familia de cirqueros.

Por estos días, Carolina Ramírez anda enamorada de un hombre que la dobla en edad, pero no en dignidad ni en gobierno. Reconoce que pisó las trampas del amor.

Lleva casi un año en una doble vida de artista y de pequeña empresaria, pero da la impresión de que esa dualidad la tiene sin cuidado. A los 25 años parece una mujer madura, que ya ha planeado hasta lo que hará para celebrar el segundo centenario de la Independencia nacional el 7 de agosto de 2019, pero adentro hay una chiquilla con la piel suave, la boca grande y sonriente y muchas ganas de salir adelante.

-¿Perdonarías un engaño como el que sucede en ‘Las Trampas del amor’?
En la vida real, depende del tipo de engaño. Un engaño como el de Alejandro Negret sí lo perdonaría.

-¿Compartes algo con tu personaje de la novela?
Siempre compartimos algo de sí mismo. En este personaje la neura y todo el control maternal es un poco de Carolina.

-¿Cuál es la peor trampa del amor?
La risa, siempre caes.
-¿Cómo te sientes de poder mostrar tu faceta de bailarina en esta novela?
Muy contenta con volver a bailar. Aunque me sentí un poco “oxidada” con respecto al baile, pasión que hace mucho tiempo no practicaba.

-Antes de ser actriz, fuiste bailarina, ¿cómo fue esta experiencia?
Creía que la danza iba a ser mi futuro, porque hasta el azar estaba de acuerdo en llevarme hacia allí. Con la plata de un “chance” que se ganó mi papá, viajé a Cuba, la meca criolla de ese arte. Al regreso, casi sin que ella se diera cuenta, la televisión empezó a cortejarme. Un día me contrataron para que formara parte del grupo de bailarinas que adornaba el programa ‘¿Quiere Cacao?’, animado por ese loro genial que era Pacheco. Y en otro me invitaron a realizar una audición para una publicidad de cerveza ‘Club Colombia’. No fui seleccionada, pero mi energía que cruje, chisporrotea y estallaron alrededor suyo, lograron perturbar a John Bolívar, cazatalentos de la programadora ‘Coestrellas’, que me llamó para un proyecto de jóvenes actores, que nunca salió al aire. Grabamos quince capítulos durante tres meses. Pero lo bueno fue que nos pagaron muy bien.

-¿Continúa siendo el ballet tu gran pasión?
No, lo fue. Hoy mi gran pasión es la actuación

-¿Por qué ingresaste a la televisión?
Por necesidad laboral, me pareció interesante, lo gané y desde eso vengo actuando.

-¿Y cómo descubriste que querías ser actriz?
El 31 de diciembre de 2000 colgué literalmente los guayos, después de protagonizar ‘Cascanueces en el Teatro Colón’, con la Sinfónica y todo. Pero también descubrí que lo que más me gustaba del ballet era la posibilidad de interpretar personajes, y eso me gustaba de la televisión.

-¿Cómo empezaste en el mundo de la actuación?
Empecé con pequeños papeles en series como ‘Así es la vida’ y ‘Jack el despertador’, en los que acumulé mis iniciales horas de vuelo. El primer reconocimiento me llegó por el papel de Cherry en la serie ‘La lectora’. En ese entonces el libretista Mauricio Navas declaró sobre mi: “Carolina muestra esa característica que tienen los buenos actores: que huelen a actores”. Aunque yo todavía no siento ese olor. Fui bailarina; aún no soy actriz. Participé en las obras de teatro ‘La fiesta del Chivo’ y ‘Blancanieves’, y luego , me hice más célebre en la serie ‘Francisco, el matemático’. Y una tarde conocí el realismo mágico: me llamaron para que reemplazara a una colega en la obra ‘Crónica de una muerte anunciada’, en el papel de Ángela Vicario. Luego me llegó el turno estelar: durante dos años tuve que vestir un traje de mariachi para vivir el ensueño del amor al ritmo de las rancheras en ‘La hija del mariachi’, y luego encarné la felicidad instantánea de una novia afortunada en la película ‘Soñar no cuesta nada’.

-También sabemos que eres empresaria de un pequeño y pintores hotel en Colombia...
Es la empresa de mi vida, aunque el resto de mis compañeros se preguntan las razones por las cuales no me decidí por un bar, un restaurante o ese tipo de negocios recurrentes, pues los demás hacen esto. Pero, la respuesta es sencilla: odio trasnochar. Y eso que este proyecto todavía demanda crueles insomnios. El presupuesto previsto aumentó casi el doble, y la compra de la casa se demoró dos meses porque estaba en proceso de sucesión.

-¿Cómo dejaste atrás a ‘La hija del mariachi’?
Fácil, con un personaje nuevo, como el de Mariana en ‘Las Trampas del amor’.

-En ‘La hija del mariachi’ diste vida a una cantante de rancheras, ¿en la vida real también cantas música de este tipo?
De cantar, yo canto (risas), pero con tres guaros encima. Así cualquiera. No mentira, profesionalmente, no. A veces me animo entre amigos de mucha confianza, canto, pero lo que me sepa.

-¿Cuál es el secreto de las novelas colombianas, que en los últimos años muestran récord de audiencia tanto en el país de origen como en el extranjero?
Sobre todo que están muy bien dirigidas, tienen buen libreto y buenos actores. Esa es la receta que tenemos. Por encima de ser de Colombia y sin mofarme de las otras novelas, la televisión colombiana y las producciones se caracterizan porque son historias reales. El público se identifica con ellas y, por eso, las producciones funcionan y tienen audiencia. Los productores no se han equivocado.

-¿Con quién comparte más fuera de cámaras?
Conmigo misma, con mis papás y con mi novio.

-¿Qué prefieres, el teatro o la televisión?
Las tablas con el sueldo de la pantalla porque las tablas tienen otra carne. Poder actuar en vivo da más opción, más tiempo. Mientras que en la televisión son cinco minutos actuando y mucho tiempo esperando, en las tablas pueden ser hasta tres horas actuando.

-¿En qué género te gusta más actuar?
En el drama definitivamente, me encanta. Pero si viene la comedia por qué no.

-¿Cuál es el mejor lugar para vivir para ti?
El barrio La soledad en Bogotá (Colombia).

-¿Con qué sueñas?
Con fantasmas. Con poder estar todo el tiempo con mi novio que vive en Argentina y casi no lo puedo ver.

-¿Cómo es tu vida familiar?
Como todas, locas pero llenas de amor.

-Los artistas siempre dan un aporte a la solución de problemas políticos y sociales, ¿cuál es tu participación para la mejora de una país como Colombia?
Nosotros damos una forma distinta de entretenimiento de lo que pasa todos los días en el noticiero. Es un momento de esparcimiento mediante el cual le enseñamos, a través de una historia, valores como el amor, la lealtad y la justicia. La gente llega a su casa luego de una gran jornada de trabajo y lo que quiere es relajarse y encontrar en la televisión un producto que le enseñe, que le aporte tranquilidad. Que lo divierta y que le muestre otra cara de lo que es la realidad.