Bella Calamidades

Lorenza y Marcelo
acogen a Lola

Comienza la historia de Lola
Comienza la historia de Lola, una pobre y humilde niña, que se queda sola en el mundo después de que su padre (José Carrero) falleciera. Y la niña decide viajar a la capital con su tía Marta Carrero, el único familiar que la queda, ya que ella teme que un viejo misterioso (llamado Aquiles Barraza) la haga daño, al que se encontró acechándola cuando fue a pedir ayuda a su madrina, la adinerada Lorenza de Machado, a la que no pudo ver, pero ella vio a su adorable hijo, Marcelo, quien poco después viajó también a la capital para estudiar. En la ciudad, Lola consigue encontrar la gran casa donde vive su tía Marta Carrero, quien la da hospedaje a cambio de que sea su criada. Pasados diez años, Marcelo dejó de ser el niño gordito que fue y ahora se ha convertido en un apuesto joven con una novia llamada Angelina, pero sigue pensando en la niña que se encontró, Lola (la ahijada de su madre). Además, Angelina se opone a pasar sus vacaciones en el pueblo de su novio Marcelo, quien quiere regresar a su pueblo para visitar a su madre y presentarla a su novia. Por otro lado, en el pueblo, Lorenza recibe la desagradable visita de su cuñada Silvana, quien viajó desde Europa para quedarse en la casa de la hermana de su difunto esposo, además, Silvana llega acompañada de su insoportable hija Priscila, pues ambas están arruinadas y tendrán que vivir en una finca rodeadas de vacas, a las que no soportan su olor. Lejos de allí, Marta contrata al Profesor Samuel para que le dé clases a su sobrina Lola, aunque eso sólo es una excusa para estar cerca de Samuel, del que Marta está enamorada, pero él está entusiasmado con la hermosa Lola. Más tarde, Lola acompaña a su tía Marta a comprar ropa para llevarle las bolsas y, como no veía por donde andaba con tanta carga que llevaba, Marcelo estuvo a punto de atropellarlas.

Marta enfurece cuando Lola conquista al hombre que ella amaba
Después de estar a punto de atropellarla, Marcelo recuerda que esa mujer, a pesar de haber crecido, debe de ser Lola, pero no se preguntaron los nombres porque lo único que hacían es mirarse. Cenando con su novia Angelina; Marcelo le cuenta que se quedó pensando en una mujer a la que estuvo a punto de atropellar cuando la vio sus ojos que la recordaron a una niña campesina de su pueblo y, por esto, Angelina se pone muy celosa. Como siguió al coche en el que iba Lola con su tía; Marcelo va hasta allí donde se encuentra con Lola, con la que se disculpa por lo ocurrido, descubriendo que ella se llama Lola, como él sospechaba. Por la noche, Marta invita al Profesor Samuel a su casa a cenar porque creía que él la iba a pedir matrimonio, pero en cambio él está enamorado de Lola y la dice a Marta que visita tanto la casa porque Lola le gusta, por lo que Marta se pone furiosa. Instantes más tarde, Samuel le declara su amor a Lolita, pero Marta (muy enfadada) le acaba echando de la casa. Después de que la convenciera para que le acompañase a la finca de su madre en el pueblo; Marcelo no fue capaz de hacer el amor con su novia Angelina porque sólo puede pensar en Lola.

Lola se instala en el cementerio
Por faltarla el respeto, Lola amenaza a su tía Marta con abandonarla, pero su tía se opone y, en un forcejeo, Marta tropieza y se cae y después cae rodando las escaleras y, pensando que su tía ha muerto, Lola huye con el poco dinero que tiene y regresa al pueblo de Horneros, donde se queda toda la noche rezando en la tumba de su padre. Al día siguiente, Lola llega a su antigua casa y descubre que el viejo Aquiles le vendió esa casa a otra familia. Instantes más tarde, Aquiles encuentra Lola, pero ella sigue temiéndole, quien la reprocha que haya vivido en una casa que estaba dentro de sus propiedades y, después, Lolita huye despavorida hacía el cementerio, donde decide quedarse porque no encuentra hospedaje, durmiendo en la casa del perro que vigila el cementerio. Por otra parte, las coquetas Silvana y Priscila hacen sus ejercicios rutinarios de gimnasia a las afueras de la casa, bajo la atónita mirada de los trabajadores de la hacienda y los hijos de Regina de Galeano, quienes observan a las mujeres desde su hacienda vecina, ya que Lorenza y Regina se llevan mal desde hace varios años. Estando comiendo, Lorenza le sonsaca a su sobrina Priscila que en Francia ella era costurera porque no tenía papeles para trabajar allí, a pesar de que su madre Silvana le hace creer que ella estaba estudiando para ser diseñadora de ropa. Después, Silvana y Priscila pasean por el pueblo y entran en un bar, donde el jefe del recinto (Fabián Poncela) la ofrece a Priscila que trabaje como mesera en su bar donde van todos los hombres del pueblo, y Silvana la abofetea por atreverse a ofrecerla ese puesto de trabajo que cree que su hija no merece.

Marta le hace creer a Marcelo que Lola trató de matarla
Cuando fue a buscar a Lola; Marcelo se encuentra con Marta, quien está en una silla de ruedas, y ésta le dice que Lola la golpeó y después escapó, además de quitarla a su amado. Mientras que, Lola le cuenta a Don Pablo, el sepulturero del cementerio, que ella no mató intencionadamente a su tía Marta y ahora teme que la policía la esté buscando. Después de una gran discusión con su novia Angelina; Marcelo rompe su relación con ella. Cuando van al cementerio por la noche, unas chismosas del pueblo (Doña Pánfila y Doña Custodia, alias “Las Viudas”) ven a Lola y después éstas van a denunciar a la policía que vieron un alma en pena rondando las tumbas.

Unos bandidos intentan abusar sexualmente de Lola
Cuando va a bañarse al río como cada noche; Lola es sorprendida por tres bandidos que intentan abusar sexualmente de ella, pero ella logra defenderse, además, Don Pablo (el celador del cementerio) les golpea, pero los forajidos le dan una gran paliza y Don Pablo acaba en el hospital, y la policía atrapa a los bandidos. Las dos hacendadas que son de gran carácter, Lorenza de Machado y Regina de Galeano discuten porque el hijo menor de Regina (René) quiere ser un gran científico y provocó una gran explosión que perjudicó hasta la hacienda vecina y, por eso, Lorenza le dice a Regina que aprenda a controlar a sus hijos, mientras Regina la aconseja a gritos a Lorenza que saque de su casa a Silvana y a Priscila, antes de que se tomen el atrevimiento de quedarse definitivamente. Mientras que, Juana y Nicolasa (las empleadas de Lorenza y Regina) son muy buenas amigas y se chismosean todo lo que sucede en ambas haciendas para luego contárselo a sus patronas. Después de que Doña Pánfila y Doña Custodia encontrasen a Lola en el cementerio y creyeran que era un alma en pena y salieron despavoridas; Lola se adentra al pueblo donde tiene que robar un poco de comida para poder alimentarse.

Lola cree que ella trae mala suerte a las personas de su alrededor
Una noche, Lorenza y Regina hacen un homenaje a sus esposos en el cementerio y, creyendo que es un fantasma (o como algunos dicen: “un alma en pena”), todos huyen despavoridos al ver a Lola, pero Lorenza le dice al policía del pueblo que podría ser una indigente que vive en el cementerio, sin saber que es su ahijada Lola. Y debido a este revuelo, el policía manda a uno de sus hombres para vigile el lugar y, en el cementerio, Lola consigue esconderse para que no la descubran, además, ella le roba la comida al nuevo vigilante, pero favorablemente Don Pablo (el sepulturero) llega ya recuperado para seguir escondiendo a Lolita. Por otra parte, Renato y Román Galeano (los hijos mayores de Regina) aprovechan que no están por los alrededores Lorenza para presentarse ante Priscila (la sobrina de Lorenza), con la que coquetean. Y después, Silvana y Priscila hablan del mal comportamiento que tuvo Regina cuando ésta apartó a sus hijos de Priscila, diciéndola que no quería a su lado forasteras y, a pesar de que no se llevan bien; Lorenza defiende a Regina porque la aprecia y las exige a Silvana y Priscila que no vuelvan a hablar mal de ella. En la capital, convencido por sus amigos, Marcelo va a bailar a la discoteca y, allí, él se sorprende al ver a Angelina bailando muy acaramelada con otro hombre. Por otra parte, Lola está atormentada porque ahora piensa que trae mala suerte a las personas que están a su alrededor porque su madre nació al tenerla y, después, su padre también falleció, además, ella sigue culpándose de la muerta de su tía Marta, sin saber que ella sigue viva.

Los hijos de Regina salen por la noche, ocultándoselo a su madre
Los hijos de Regina se escapan de su casa y, haciéndola creer a su madre que los mayores (Renato y Román) fueron a visitar a su padre al cementerio y que los menores (Ricardo y René) duermen profundamente; éstos se van al pueblo hasta el bar de Fabián y, allí, René coquetea con una muchacha que estaba con otro hombre, provocando una pelea en el bar “Los Gozosos” y, por esto, el dueño del bar (Fabián) les echa de allí. Nuevamente, el viejo tacaño Aquiles Barraza busca a Lola en el cementerio, creyendo que ella se esconde allí, pero Don Pablo le echa de allí. A la madrugada, Lorenza tiene que regañar a su empleada, Juana, quien les recita una oración de brujería a las nuevas inquilinas (Silvana y Priscila) para que se vayan del pueblo, ya que cree que ellas son las culpables de todo lo malo que están ocurriendo en el pueblo. Al día siguiente, Lorenza despierta a gritos a Silvana y a Priscila, ya que son un par de zánganas que no son capaces de madrugar.

Priscila se queda prendada de amor por Marcelo
Antes de llegar a su casa, Marcelo estuvo a punto de atropellar con su coche a Priscila, quien le insulta al principio por haber estado a punto de llevársela por delante, pero al verle mejor ella se queda prendada por su atractivo, sin saber que él es su primo, y ésta considera que él es su hombre perfecto. Cuando descubre que Marcelo es su primo; Priscila se alegra porque quiere enamorarle, a pesar de que su madre Silvana la prohíbe que se involucre con algún familiar porque no quiere tener problemas con su cuñada Lorenza. Furiosa con sus hijos; Regina saca del bar “Los Gozosos” a sus cuatro hijos, a los que encuentra muy borrachos. Además, Doña Regina amenaza a Fabián Poncela con cerrarle el negocio si vuelve a ofrecerle trago a sus hijos. Por la noche, Lorenza visita la tumba de su difunto esposo y, allí, ella se asusta al encontrarse con Lola, a la que no reconoce porque está sucia y desaliñada.

Doña Lorenza se asusta al ver al “alma en pena” del cementerio
Al regresar a su casa, más calmada, Doña Lorenza dice haber visto al “alma en pena”, sin saber que ella es Lola, su ahijada, quien está viviendo en el cementerio porque no tiene otro refugio. Y Doña Lorenza le cuenta a su hijo Marcelo que “el alma en pena” que vio era una mujer, llena de barro, muy sucia y con oler a azufre. Buscando una nueva empleada que vigile a sus hijos, Doña Regina le propone a Juana que trabaje para ella, abandonando a Lorenza, ya que Doña Regina no confía en Nicolasa, su joven empleada. Aunque Doña Lorenza no quería convertirse en la comidilla de todos los desocupados del pueblo de Horneros; Juana se lo cuenta a Nicolasa, quien les cuenta a todas las chismosas del pueblo que por la noche Doña Lorenza quedó espantada cuando vio al “alma en pena” en el cementerio. Cuando Doña Regina les dice a sus hijos Renato y Romano que llegó el hijo de Lorenza al pueblo y que dejó de ser el niño gordito que conocían, convertido en un atractivo hombre; Renato y Romano sienten celos porque creen que él puede ser mejor que ellos y les podría arrebatar a sus conquistas.

Lola ataca a Román y Renato
Como Silvana no quiere vivir de su cuñada Lorenza; Priscila cree que consiguiendo a un marido millonario se resolverían todos sus problemas, y Silvana la aconseja a su hija que sería una buena idea que conquistara a uno de los hijos de Doña Regina. Cansada de que todas las noches la visite alguien al cementerio; Lola decide asustar a Renato y Román (los hijos chismosos de Regina), subiéndose encima de ellos y rasguñándoles la cara, para que la dejen tranquila. Después de una discusión; Lorenza y Regina firman un acuerdo para subir el precio de la leche de sus haciendas lecheras, ya que ambas se dedican a lo mismo. Por otra parte, Marcelo le confiesa a su prima Priscila que no pretende reemplazar a su novia Angelina por ninguna otra, a pesar de que Priscila siga coqueteándole. Por el ataque que sufrieron sus dos hijos mayores; Doña Regina denuncia al “alma en pena”, y el comisario Romero con el cura del pueblo van al cementerio para ahuyentar al fantasma, pero favorablemente Don Pablo (el sepulturero) esconde a Lola para que no la encuentren.

Silvana y Priscila siguen ostentando una posición social que no tienen
Priscila le dice a su madre Silvana que para salir de la ruina va a enamorar a su primo Marcelo. Por la mañana, los dos hijos menores de Regina (René y Ricardo) ven a Don Pablo hablando con Lola y pretenden descubrirla, pero Pablo les detiene. Por otra parte, Lorenza regaña a su sobrina Priscila por quitarle el coche a Marcelo, sin su permiso, para ir al río del pueblo a tomar sol en traje de baño. Instantes más tarde, Lorenza se enfurece con Silvana cuando la pide dinero para comprarse ropa y, por esto, Silvana llora por la humillación de Lorenza, quien la dice que se viste como un pavo real de ridícula. Y Silvana y Priscila consiguen algo de dinero para comprar telas para confeccionar sus propios diseños, pero se les arruina todo cuando descubren que esa misma tela la tiene la empleada, Juana, quien luce una camisa con una de las telas que compraron.

La policía arresta a Lola
Doña Regina denuncia a Don Pablo por haber agredido a sus dos hijos menores, echándoles del cementerio y, cuando van allí, la policía descubre a Lola (a la que todos han identificado “el alma en pena”) y, aunque ella intenta escapar, la policía la acaba arrestando y todos se asustan al verla porque es una mujer muy sucia y desaliñada. Y a pesar de que no la reconoce, a Marcelo le despierta ternura y decide visitarla a la cárcel, pero Lola no es capaz de decirle a Marcelo que ella es la ahijada de su madre, a la que conoció en la capital, pues no la reconoce porque está con la cara y el cuerpo lleno de barro y vestida con un vestido roto. En la cárcel, Lola se atreve a hablar con el comisario Romero, acusándose de haber asesinado a su tía Marta Carrero.

Lorenza descubre que “el alma en pena” es su ahijada Lola
Por la noche, Ricardo y René amenazan a sus hermanos mayores (Renato y Román) con decírselo a su madre, si ellos no les llevan al bar “Los Gozosos”, pero Renato y Román se van sin sus hermanos volviendo a escaparse para disfrutar de la rumba y de las mujeres del establecimiento de Fabián Poncela y, aunque creían que iban a deleitarse con el baile de unas exuberantes mujeres, ellos se desaniman al ver encima del podium a unas gordas bailando, que se hacían llamar “Sirenas del Trópico”. Al regresar a su casa, Renato y Román se encuentran con la puerta cerrada, ya que sus hermanos menores así lo hicieron y, al apedrear la ventana de la habitación de sus hermanos; Regina les descubre, quien les recibe enfurecida. Averiguando sobre el paradero de Marta Carrero; el comisario le enseña a Lola un artículo de prensa en el que Marta anuncia su matrimonio con un joven que podría ser su hijo. Y por todo esto, el comisario toma la decisión de llamar a un psiquiátrico para que recojan a Lola y se la lleven, pensando que ella está loca. Recordando su mirada, Doña Lorenza descubre que “el alma en pena” es su ahijada Lola Carrero, a la que quiere acoger en su casa. Y más tarde, Marcelo va a hablar con Don Pablo, quien le confirma que la andrajosa que vivía en el cementerio es Lola Carrero y, aunque ella le pidió a Pablo que no develará su verdadera identidad, él se lo confirmó porque temía que a Lola la tomaran por loca y la internaran en un manicomio.

Lorenza y Marcelo acogen a Lola
Marcelo y su madre Lorenza consiguen detener la ambulancia donde se llevaban a Lola al manicomio y se la llevan a su casa, donde Lorenza está decidida a cuidarla y darla el cariño que jamás tuvo. Y al llegar; Priscila, Silvana y Juana se asustan al ver a Lola, quienes siguen creyendo que es un “alma en pena” del cementerio. A pesar de que Lorenza les pide que traten de disimular si las impacta verla así de andrajosa, Priscila y Silvana comienzan a gritar desesperadamente al ver a Lola, llamándola “mofeta maloliente”.

Lola se hospeda en la casa de Lorenza
Lorenza y Marcelo consiguen que Lola les cuente que ella huyó de la capital cuando su tía Marta, quien la tuvo por varios años como su criada, se cayó en un forcejeo entre las dos y creyó que su tía murió. Después de darla alojamiento, Lorenza baña y viste a Lola, consiguiendo vestidos de su sobrina Priscila, quien al principio se opuso a darla alguno de sus vestidos que ya no usaba por estar pasados de moda, pero finalmente accedió para complacer a su tía Lorenza, ya que ella amenazó a Silvana y Priscila con no volverlas a dar dinero para sus caprichos. Mientras que, los dos hijos menores de Regina (Ricardo y René) miran con sus anteojos como bañan al “al en pena”, dándose cuenta de lo bella que es, y Nacho (un empleado de Lorenza) les echa de allí y, después, su madre les regaña por fisgonear en la hacienda vecina. Y Juana (la empleada) siente envidia de Lola porque su patrona Lorenza le está dando todos los cuidados del mundo. A la hora de comer, Silvana y Priscila se oponen a compartir mesa con la zarrapastrosa de Lola (como ellas la llaman) y, al ver su transformación, Marcelo se queda prendado por la belleza de Lola.



Del 9 al 27 de noviembre de 2009