Ruddy Rodríguez


Ruddy Rodríguez, la recordada "Niña bonita", Miss en 1985 y hasta chica Bond, exhibe hoy una madurez, seguridad y éxito que la han hecho convertirse en una de las más asertivas cartas venezolanas de presentación en el mundo entero.

24 años después de su participación en el máximo certamen de belleza de Venezuela y con una basta experiencia en la pantalla chica y también en el mundo de los negocios, finalmente sus seguidores podrán verla en el cine en la película que protagoniza en compañía del ex RBD, el actor mexicano Alfonso "Poncho" Herrera y Rafael Romero, ‘Venezzia’, en la cual da vida a una mujer madura, que sufre una penosa enfermedad que afecta su vista y víctima de un matrimonio sin amor.

Rodríguez cuenta que la experiencia fue "maravillosa" y que le permitió estrenarse como productora, hecho que implicó muchas más responsabilidades y preocupaciones para ella. No obstante, enfatiza que se siente "inmensamente feliz" por haberse atrevido a incursionar "detrás de las cámaras".

-¿Qué es Venezzia?
Es la expresión del amor y el romance, dos sentimientos que mueven la tierra.

-¿Algo más romántico que enamorarse en medio de la guerra?
Nada más romántico que cuando me dieron un anillo en la Plaza de Toros en Bogotá (Colombia). La vida está llena de bellos momentos.

-¿Qué puedes contarnos sobre la trama de la película?
Durante la Segunda Guerra Mundial, cuando Venezuela comienza a proveer de combustible a los aliados, había un tráfico de buques que pasaban por aquí, entraban, seguían a la refinería de Aruba y continuaban hacia Europa. Todo ese mar tenía un tráfico enorme de buques. Entonces, en el 42, comenzaron los ataques. Hubo ataques en Venezuela, se hundieron buques venezolanos y europeos y están hundidos en las costas venezolanas. Esa parte es la realidad que conocen, más que todo, historiadores y militares, pero el común de los latinos y de los venezolanos no lo sabe. El director quiso contar la historia desde otro punto de vista. Yo no sabía que los venezolanos habíamos sido importantes. Pero, lo más importante es la historia de amor enmarcada en este hecho histórico.

-¿Cómo recibirán los venezolanos esta producción?
La cultura y el arte son las caras buenas de nuestros países. No tenemos ninguna pretensión. La gente podrá disfrutar de una historia de amor, acción y sobretodo, un trasfondo poco conocido por los Latinoamericanos en un momento tan importante de la humanidad como la Segunda Guerra Mundial.

-¿Cómo es Venezzia?
Es una mujer un poco gris, derrotada y conforme con lo que tiene y con lo que le pasa. Es sumisa con todas las situaciones de su casa, pero poco a poco encuentra cómo expresar sus sentimientos por medio de algo que une a todos los seres humanos: el amor.

-¿Cuál fue el mayor reto de representar a este personaje?
Durante todo el rodaje tuve una gran angustia porque esta mujer tiene una incapacidad. Eso era lo que más me preocupaba como actriz. El director estaba muy pendiente de ese detalle. Esa fue la parte más dura que me tocó.

-¿Qué te cautivó de Venezzia?
Soy extremadamente romántica y Venezzia es una romántica, medio mística.

-¿En qué se parece Ruddy a Venezzia?
En el romanticismo, de resto nada. No soy ni resignada, por el contrario soy muy activa y viva, es decir totalmente distintas. Le presté mi cuerpo, pero no mis gestos ni mirada.

-Venezzia sufre de una enfermedad en sus ojos, ¿cómo fue eso?
Sí, sufre de queratocono y se está quedando ciega, para esa época no habían lentes de contacto entonces eso le da más misterio al personaje.

-¿Qué la enamoró de Frank Moore?
Su vitalidad y su energía. No tenía ninguna consideración en nada. Y sobretodo, su picardía.

-¿Qué tal trabajando al lado de ‘Poncho‘ Herrera?
Es un excelente profesional, un hombre entregado y comprometido con la película.

-¿Recuerdas alguna anécdota en especial durante el rodaje?
En dos oportunidades casi matan a Poncho en unas escenas de peleas. Y pedí que por favor lo regresáramos a la familia vivito y en buen estado.

-¿Cómo te sentiste actuando y produciendo al tiempo?
Fue muy duro, porque debía estar pendiente de todo. En la producción era la mala, pero en la película la buena. La post producción me dio muy duro, terminé muerta.

-Ya has podido participar varias veces en films del género histórico, ¿cómo ha sido la experiencia en este tipo de películas?
Cuando se hacen películas históricas se le da la oportunidad a uno de transportarse. En ‘Venezzia’ tuve que bajar la velocidad que tiene Ruddy, bajar el hablado de Ruddy, que es súper rápido, los movimientos también cambiaron. Tuve que ponerle todo esto a ‘Venezzia’, que es una mujer más clamada, es de otra época en la que hasta la manera de fumar es distinta. Trabajar épocas siempre te da la oportunidad de transportarte, de revivir. Me gustan mucho las vidas pasadas, uno a veces siente que ya lo vivió o que ya estuvo allí, aunque sea parte de la imaginación del actor.

-¿Qué te ha aportado la incursión en los films históricos?
Aprender una nueva unidad de tiempo, a profundizar sobre cosas que uno sabía o de cosas que realmente uno no tenía ni idea. Es aprender, yo lo pondría muy simple.

-¿Cómo ve la influencia del cine histórico en las generaciones actuales?
Para nadie es un secreto que la tecnología está ayudando a que un sector de las nuevas generaciones no lean. Éstas viven tan rápido, tan apurado, tan tecnológicamente, que a través de la imágenes les puedes dar una clase de historia. No queremos dar una clase de historia con la película. Esta es una historia de amor enmarcada en un hecho histórico. Pero si van al cine pueden conocer un poquito más de Miranda, o cómo fue Venezuela en el 42 y del por qué hemos sido importantes en el marco histórico, es muy bueno saberlo. En estos tiempos, la gente se va más hacia lo visual.

-¿Prefieres hacer cine o te quedas con la televisión?
Tengo tres amores. El cine me divierte mucho, la pantalla grande me da una sensación de libertad muy bonita y da prestigio, mientras que la televisión da fama y reconocimiento. El último es el teatro que me permite estar cerca del público.

-¿Qué pasaría si te ofrecieran el papel de abuela en una telenovela?
Pues les digo: “¡su abuela!” (risas). Te cuento que, en este momento, a escala internacional, las mujeres de 40 años son afortunadas en el mundo del espectáculo. ¿Sabes cuántas protagonistas de series exitosas tienen más de 40? ‘Desperate Housewives’, ‘Grey's Anatomy’, ‘Sex & the City’, etc.

-Nada que ver con la novela que protagonizaste hace años, ‘Niña Bonita’...
Fue la primera protagonista con pelo corto. Todavía mucha gente me dice así en la calle. Eso sí fue tremenda suerte: protagonizar una telenovela que se convirtiera en una referencia.

-Eres una mujer hermosa, ¿te has hecho alguna cirugía estética?
Hasta ahora no la he necesitado. Imagino que en algún momento lo haré. Pero estoy clara en que no voy a verme bien si no hago el bien.

-¿Y existen otras telenovelas que se han convertido en una referencia en tu carrera artística?

Cuando estaba separándome de mi anterior pareja, me ofrecieron ‘La Ex’ en Colombia. Dime si eso no es terapéutico (risas). Me dije: “estoy fregada, pero voy a pasar este duelo con humor”. Si nos vamos hacia atrás tengo que nombrar ‘Amores de fin de siglo’, de Leonardo Padrón, donde interpreté a Lejana San Miguel, una prostituta que hacía performances con música de Vinicio Adames y coreografías de Antonio Drija, un venezolano que ahora está en el Cirque Du Soleil.

-¿Algún galán con el que te sintieras privilegiada trabajando?
El colombiano Víctor Mallarino en ‘El Inútil’. Antes de comenzar las grabaciones me dijo: “voy a luchar porque los protagonistas queden juntos”. Y yo le dije: “Víctor, por favor, la telenovela se llama ‘El Inútil’, ¿cómo van a quedar juntos?”. Y tal fue la vuelta que le dio a su Mirando Zapata que, en efecto, hizo que él y Rubiela, mi personaje, quedaran juntos al final. Además, Víctor me dirigió en ‘Amas de casa desesperadas’ (la versión latina de ‘Desperate Housewives’) y eso también fue un lujo.

-Otro galán que te venga a la mente…
El peruano Diego Bertie en ‘Amantes de luna llena’ (Venevisión, año 2000). Me dio uno de los regalos más bellos de mi vida: estábamos grabando una escena encima del tepuy Roraima y, en uno de los descansos, después de que yo había escuchado por primera vez el sonido del silencio, él se puso a entonar “Music of the Night”, del musical ‘El fantasma de la ópera’. El camarógrafo y yo nos pusimos a llorar de la emoción. Después de ese maravilloso momento le regalé un libro sobre Venezuela y, en las páginas del Roraima, le coloqué: “En este lugar escuché por primera vez el sonido del silencio. Este es mi país”.

-¿Crees en la suerte?
Suerte es una de mis palabras favoritas. Cada vez que algo bueno me sucede digo: “qué suerte que se me dio”. También uso mucho: “qué éxito”. Creo que la suerte se la hace uno mismo con la ayuda de Dios. No en vano la Biblia dice: “Ayúdate que yo te ayudaré”.

-¿Cuál es la suerte del pueblo venezolano?
Pues tenemos la fortuna de ser buenas personas, confiados y dicharacheros. Además, no somos doble cara. Pero, en definitiva, para correr con mejor suerte, tenemos que volver a unirnos. Estamos viviendo unos tiempos de “Me miras feo y te pego un tiro”. Y la única oportunidad de salir adelante es la unión. Por otra parte, mientras no tengamos el sentido de pertenencia que tienen con sus países los mexicanos o los colombianos, no vamos a prosperar. Mientras no pensemos: “esta playa es mía, esta calle es mía, por lo tanto botaré la basura en su lugar”, no vamos para el baile. Mientras no asumamos una buena cultura de servicio tampoco. ¿Cómo es posible que uno entre a un establecimiento, diga “buenas tardes” y tenga que repetirlo mil veces hasta que la persona diga “buenas tardes”?.

-¿Sientes que los colombianos son más unidos que los venezolanos?
Los colombianos tienen la suerte de levantarse después de grandes tragedias. Es un pueblo que tiene 40 años de guerrilla y sigue en pie. Y sí, está unido. Es la mejor prueba de que un país lo hace su gente.

-Volviendo a Venezuela, ¿quedó atrás aquel rumor que te unía al presidente Hugo Chávez?
Quedó atrás, pero vuelvo a repetírtelo: no tengo ninguna relación con el señor presidente. Lo que sí tengo son influencias para cambiar mi país. Y no sólo yo, las tiene cada uno de los venezolanos, siendo productivos. Ronald Hubbard (estadounidense fundador de la cienciología) dice: “La productividad es la base de la moral”, y tiene toda la razón. Porque mientras tú estés produciendo estás generando dinero, energía positiva y, sobre todo, no estás criticando al prójimo. Si, además de eso, te permites soñar y después hacer todo lo que esté a tu alcance para que tus sueños se hagan realidad, pues mejor.

-¿Qué recuerdos guardas de tu experiencia como Miss World Venezuela del 85?
He visto trampolines y el Miss Venezuela es un certamen con un tobogán con tirabuzones, por la oportunidad que representa para las que participamos allí, por el aprendizaje que nos deja. En la época del Miss Venezuela tenía lo mejor de los dos mundos porque venía de hacer teatro en Rajatabla. Y una vez que ya gozaba de cierto reconocimiento en televisión, el grupo me llamó para celebrar sus 15 años y asumir, en el teatro, el rol de Julieta en ‘Romeo y Julieta’. Y lo máximo que uno puede pedir, como actriz, es ser una heroína de ese talante, como Julieta, Sor Juana Inés de la Cruz o Manuela Sáenz.

-¿Crees que naciste con buena estrella?
Yo nací en El Conde (Venezuela) y estudié en el liceo Antonio Guzmán Blanco, de El Paraíso. La buena estrella fui haciéndomela cuando descubrí quién era yo y lo que quería hacer con mi vida. Para mí, el orden correcto es: ser, hacer y tener. Lo demás es tener en cuenta que Dios siempre está presente y pedirles la bendición a tus papás.