Alejandra Borrero


Alejandra Borrero no descansa un minuto. Actúa en cine, televisión y teatro, una producción seguida de otra. También alterna como empresaria y maestra en Casa Ensamble, su escuela de artes escénicas y musicales. No es que esté aprovechando sus quince minutos de fama, ni que esté de moda, ni nada parecido. Esta colombiana es una artista consumada. Como consecuencia de su enorme talento y profesionalismo, en sus más de veinte años de carrera siempre ha estado vigente.

Esta colombiana es poseedora de una carrera envidiable, con bases sólidas y quien con talento y madera actoral ha logrado traspasar las barreras del tiempo. Alejandra Borrero ha participado en importantes programas de televisión colombianos, entre los cuales se encuentran: ‘Azúcar’, ‘La Maldición del Paraíso’, ‘Hombres’, ‘Café, con aroma de mujer’, ‘La otra mitad del Sol’, ‘Punto de Giro’, ‘Francisco, el matemático’, ‘Merlina, Mujer Divina’, ‘Pura Sangre’, ‘La Hija del Mariachi’, ‘Mujeres Asesinas’ y ‘El último matrimonio feliz’, como dato extra también les contamos que participó en la película ‘El amor en los tiempos del Cólera’, en el 2007.

Alejandra Borrero regresó para protagonizar la novela ‘Amor en custodia’. Su personaje en la novela es el de Paz De Lucci, una exitosa mujer en el mundo de la moda y cuya felicidad no es completa gracias a la falta de atención y cariño de su esposo, Alejandro Sanín (Marcelo Dos Santos), que lo único que pretende es quedarse no sólo con la empresa que ella formó durante años, sino con todo su dinero. Precisamente, Alejandra afirma que la imagen de su progenitora, es una de las bases que utilizó para la construcción de esta caracterización.

Sus personajes han marcado generaciones y en la calle a menudo la halagan por sus interpretaciones. Además, Alejandra no ha sufrido la tendencia de que la encasillen en un mismo tipo de papel. Ha representado mujeres bondadosas, cómicas y alegres, pero también se ha metido en los zapatos de personajes amargados, polémicos y crueles.

-¿Cómo empezaste en la actuación?
Precisamente recordaba en estos días que cuando estaba en Kinder hice mi primera presentación: una canción que era actuada y tenía diálogos. Años después trabajé con el grupo de Cali (Caliwood) con Carlos Mayolo, Carlos Palao, Poncho Ospina y Sandro Romero. Yo trabajaba detrás de cámaras, cargaba cables, hacía producción, me metía a ver lo que ellos hacían como fuera. En el cine no empecé como actriz sino detrás de cámaras, trabajando con ellos, rumbeando con ellos y conociendo dentro de las fiestas lo que fue el delirio de esa época de los 80. Ellos son unos eruditos impresionantes. Luego llegó Jorge Alí Triana, que en ese momento hacía ‘Revivamos nuestra historia’, y todos mis amigos me dijeron: “Aleja está es tu oportunidad, gánate el protagónico”. Si me hubieran dicho que hiciera de una boba enfrente de una cámara no lo hubiera hecho mejor, pero no me lo gane. Yo creo que tengo herramientas como actriz, bueno en este momento tengo muchas más de las que tenía, pero digamos que había un talento detrás de la brutalidad que yo hice y nadie lo pudo ver. En un casting no tienes sino un segundo para mostrar lo que eres capaz de hacer. De las cosas más importantes que un actor tiene que hacer es prepararse en casting.

-¿Qué es lo que más te gusta de la actuación?
Que nunca un día es igual al otro. Siempre estamos haciendo cosas diferentes. Un día estoy montada en un caballo en 1800, al otro soy una señora esperando que suelten a su hijo de un secuestro, al otro soy un asesina que está haciendo empanadas con un muerto. Así que las ganas y posibilidades que da la actuación son increíbles.

-¿Fue difícil entrar al medio de la televisión?
Para mi fue fácil, si hubiera sido difícil creo que no hubiera entrado. Si hubiera tenido que hacer las cosas que tienen que hacer ahora creo que quien sabe, sí estaría en la televisión.

-¿Cómo te gustan tus personajes?
A mi me gustan más los personajes de carácter, pero esta es una linda historia de amor y me la estoy gozando como tal. Es un drama que tiene todos los ingredientes de telenovela, todo lo que pueda pasar en una novela pasa en ‘Amor en custodia’ y le pasan a la protagonista.

-¿Quién es Paz Delucci?
Es una diseñadora de modas muy exitosa. Una mujer que cree tener la vida en sus manos, que todo lo tiene organizado, pero que tendrá una serie de situaciones que acabarán con la tranquilidad de su vida. Desde el primer capítulo esta mujer está luchando con lo que está sucediendo fuera de su entorno para mantener su familia.

-¿En qué te basaste para dar vida al personaje de Paz?
Fue muy difícil porque realmente no tuve mucho tiempo. He hecho varias cosas como por ejemplo empezar a ver canales de moda y comprar revistas de moda. He estado tratando de entender por donde va la cabeza del diseñador. He pensado mucho en mi madre que fue una gran diseñadora. Me tocó verla coser y cortar por muchos años. Mi casa siempre estuvo llena de agujas, hilos, alfileres. Cuando leí los libretos de la novela a mi mente llegaron los recuerdos de mi infancia, cuando observaba a mi mamá, una exitosa diseñadora: cortando telas, diseñando ropa, etc. Todas esas cosas me han servido para enriquecer el personaje.

-¿Cómo era esa relación con tu mamá como diseñadora?
Tengo un amoroso recuerdo de mi madre en ese sentido. Ya grande me di cuenta que me había cosido todos las pintas que salían en las revistas. Pero de niña junto con mis hermanos le dañamos muchos vestidos y la pobre tenía que sufrir para arreglarlos. Me acuerdo de un vestido de novia que hizo y ya venían a recogerlo y nosotros lo desbaratamos. Mi mamá ese día lloró y casi nos mata a todos.

-¿Te sorprende que, a pesar de no seguir siendo una jovencita, te sigan llamando para protagonizar?

Soy la más sorprendida de que me sigan llamando como protagonista. Acepté este personaje más por plata que por cualquier otra cosa. Tengo que pagar Casa Ensamble, que ese es mi gran proyecto y debo sacarlo adelante. Pese a que ahora los actores le huyen a los melodramas, quería probar cuánto le podía aportar como actriz al proyecto. Jamás pensé que estaría como protagonista de una historia en este momento de mi vida: soy una mujer mayor, ni tengo un cuerpo flacuchento, pero creo que es un ejemplo importante para las mujeres que nos queramos como somos y que asumamos nuestros años dignamente. Lo único que puedo decir es que ahora me echan más piropos que hace diez años y creo que eso se debe a que estoy feliz conmigo mismo y eso hace que la gente sienta lo mismo.

-¿Ha visto las otras versiones de la novela ‘Amor en custodia’?
Me he antojado mucho de verlas, pero no he querido porque quiero que Paz Delucci sea creada por nosotros mismos. Ahora que ya empezamos, voy a ver un poco qué pasó en esas versiones. Me contaron que en Argentina el amor entre los protagonistas se veía muy real y en eso hay un reto grande.

-¿En que se diferencia este personaje a los demás que has hecho?
Esta producción es todo un melodrama. Es un tipo de novela que yo no hacía hace mucho tiempo. Entonces me quiero probar, quiero saber lo que puedo ofrecer al melodrama.

-¿Es un reto muy grande dejar a un lado a Antonia, de ‘El último matrimonio feliz’?
Después de terminar de caracterizar a Antonia creo que no quería hacer nada más. Quería quedarme con esa imagen dentro del público porque ha sido mucho amor el que me han dado. Las mujeres especialmente tienen un gran aprecio por esta Antonia. No quería perder el cariño del público entonces fue muy difícil para mí. Esperemos que Paz también genere mucho amor.

-¿Te ha marcado a nivel personal y profesional Antonia?
Es el privilegio de tener otra vez un personaje profundo lleno de matices, que puedo manejar y trabajar. ‘El último matrimonio feliz’ tenía un ingrediente muy interesante, realmente pasa por muchos conflictos y que podía trabajarlos a profundidad y hacer una mujer con cáncer de seno es una responsabilidad. Yo pienso que ahora los personajes los hacen los productores, ya uno como actor no tiene digamos todo el poder sobre su personaje y es una lástima.

-¿Qué estabas haciendo cuando te propusieron el personaje?
Estaba trabajando durísimo en Casa Ensamble (mi escuela de artes escénicas y musicales). Acabamos de cumplir un año y tenemos mucho trabajo. Me habían hablado del personaje, pero no pensé que fuera tan rápido. No estaba nada preparada para el tema, estaba en otro mundo. Así que ha sido difícil, porque los demás actores estaban metidísimos en las historias y yo no tanto.

-¿Cómo ha sido compartir con Ernesto Calzadilla?
Maravilloso. Él es un hombre de los que quedan pocos. Es encantador y caballero. No ha hecho sino seducirme desde el primer día en que empezamos. Puedo tener un rulo en la cabeza y él me dice que estoy divina. Así que me tiene enamorada.

-‘La otra mitad del sol’ fue una novela que trataba temas paranormales, ¿qué te aportó esta novela en tu carrera artística?
‘La otra mitad del sol’ me sirvió de mucho. Además yo soy bastante esotérica, soy terapeuta del reiki. Cuando empezaron a hablar de regresiones y de vidas pasadas, yo tomé un curso y me certifiqué como terapeuta de regresiones. Puedo hacer regresiones a la gente, pero no lo hago, creo que es algo que requiere de mucho respeto y de un gran seguimiento que yo no puedo hacer. Me metí profundamente, hice regresiones a mi infancia. Una semana entera hice toda una limpieza de mi infancia con mi hermana mayor y fue absolutamente maravilloso. Después tuve una semana entera de regresiones a vidas pasadas y fue muy impresionante. Fue ver y vivir en carne propia de todo lo que estábamos hablando en la novela.

-¿Cómo nace la idea de enseñar?
Cuando veo actores jóvenes, no veo en ellos todavía la semillita bien plantada, creo que en Colombia los muchachos y todo lo que es la pedagogía está permeada por la pereza, los actores no trabajan. Si tu te vas a Estados Unidos a tomar un curso y si no trabajas en tu casa no terminas el curso, no alcanzas, porque te dan material y al otro día te dan otra cosa y al otro día te dan otra y tu tienes que trabajar. En Colombia tenemos un trabajo muy paternalista que no permite que los pelados asuman la propia responsabilidad de ser actores. Para mí es importante enseñar. Primero porque aprendo mucho y segundo porque la primera vez que lo hice, me llenó tanto el alma que es algo que quiero seguir haciendo, tercero creo que tengo muchas cosas que transmitir y que quisiera que los pelados entendieran. Ahora empiezo otra vez un taller, de principiantes, con los cuales salgo decepcionada muchas veces, es ese problema que tienen los actores en Colombia de ser talleristas, van a un taller y a otro y realmente a lo que van es a socializar, a conocer a gente, a fumar. Es increíble que teniendo un taller de 3 ó 4 horas, la gente llega 1 hora tarde, 2 horas, le importa 5 centavos, no vienen a clase porque les dolió la muela. En mi época uno iba con dolor de cabeza, con dolor de muela, con la mamá enferma, con lo que tuviera. Así se trabaja, así es el trabajo del actor. Yo trabajo así, empiezo el taller con una meditación de Osho, realmente le saca a la gente lo que trae adentro y los deja en un estado de alerta que me interesa mucho y trabajo todo el tema de observación. El actor tiene que ser un buen observador, eso es lo fundamental. El trabajo del actor es mirar la vida y observar su propia vida. Los que se meten en la escuela del Teatro Libre, que es una escuela seria de 5 años no tienen permiso de trabajar en nada más que lo que hacen en la escuela, salen de ahí actores serios, actores que uno puede respetar y que tienen conocimiento de causa. La mayoría no leen de teatro, no van al teatro. Lo que quieren es farándula, es entrar a hacer televisión y volverse famosos. La fama llega por añadidura en el trabajo, la fama no es algo a lo que uno tiene que apuntar, no funciona así.

-¿Cómo enseñas actuación a tus alumnos?
Mi trabajo está basado en lo que eres capaz de dar sin tratar de pedirte más de lo que tienes. Amorosamente, de alguna manera me interesa ser tan amorosa que no hay derecho. Y si yo trabajo desde el otro ángulo, desde del hecho que la gente tenga tal confianza de estar aquí que pueda soltar cosas que no nunca ha podido hacer en otro espacio, a mi me funciona bien ese método y es el que uso. Soy muy respetuosa. Veo las cosas buenas que hay en el trabajo y me gusta exaltarlas, de esa manera la gente entiende que tiene herramientas.

-¿Qué les exiges a tus estudiantes?
Voy a comenzar un taller de actuación para gente que no ha hecho nada. Que no ha trabajado en nada, me parece fundamental. Quiero gente que no tenga vicios. Los talleres producen eso, como tú no tienes tiempo de captar y entender profundamente algo, lo que percibes por encimita es lo que coges y sales con eso y crees que ya tienes algo, cuando te estás llenando de vicios y de malas mañas, a la hora de actuar. Yo siempre le pido a mis actores que se vacíen para poderlos llenar de algo y eso no es sencillo. Uno cree que llega tan lleno de cosas, primero llega lleno de uno mismo y de todo lo que uno es, de todo su ego, de toda su necesidad de ser y estar en el escenario. Segundo con lo que venimos de bagaje cultural que es tan pobre en Colombia. Yo gozo mucho cuando tengo actores inteligentes, porque saben escoger, saben resolver, si no tienen otra herramienta, si no tienen voz, si no han trabajado su cuerpo, si son inteligentes con eso tienen para hacerse un buen ejercicio. Lo primero que tienen que tener es cabeza, que necesita información y que tú estudies, que conozcas porque sino te vas a quedar con lo mismo que tiene todo el mundo y vas a creer que estás innovando y no estás haciendo nada que ya no se haya hecho.

-¿Qué es lo que más les aconsejas a tus alumnos en Casa Ensamble?
Que no busquen la farándula, que no busquen la fama. Que todo eso llega por añadidura después de hacer un trabajo serio. Mucha gente llega pensando que lo que quieren es salir en televisión. La actuación es la actuación, no importa cual sea el medio, les insisto mucho en que hagan teatro, y que no se queden esperando para siempre este cuento de la televisión, que realmente es un poco de suerte, un poco de belleza y un poco de talento. Pero no es el único espacio en donde el actor se pueda desarrollar.

-Háblanos de Emilia, “La Carnicera”, personaje que interpretaste en ‘Mujeres asesinas’...
Fue un personaje que tenía que ver con la parte oscura de la gente, fue muy interesante, porque nunca me dan personajes de estratos bajos, con esta cara siempre me dan personajes de niña rica, que es una bobada porque pierde uno como actor un montón de posibilidades. Al principio, yo decía: “yo qué voy a hacer esta cosa tan miedosa, qué cosa tan horrible, cada escena era más asquerosa que la otra”, y yo dije no y de pronto me puse a pensar y dije: “cuándo voy a tener yo una oportunidad de hacer un personaje como este otra vez” y decidí montármele de cabeza y realmente lo que necesitan los personajes es que uno se comprometa realmente con ellos. Ese personaje lo basé en una entrevista que le hice a Maria Ximena Dussán, una mujer asesina que cogió a su marido y lo picó en pedacitos, y lo repartió por toda la ciudad de Bogotá (Colombia). A la mujer la cogieron y la metieron a la cárcel. Yo entendía en cierto modo que matase por todo lo que él le hizo, pero la pregunté que por qué lo picó en pedacitos, por qué se ensañó con él y lo trituró. Y ella me contestó con una ingenuidad maravillosa, “yo soy sola, no tengo carro, cómo lo voy a sacar de mi casa, me tocaba partirlo en cuadritos para sacarlo en bus”, y esa fue la razón por la cual lo partió en pedacitos. Me pareció tan maravillosa, digamos la ingenuidad en medio del horror.

-¿Te fijas en el rating de tus novelas?
No. Nunca me ha desvelado, nunca me ha importado. Sé que para las programadoras es importante. Hemos tenido muchas novelas que hemos empezado a hacer con toda la humildad del caso y que se han convertido en un éxito. En ese sentido, uno no sabe que va a tener éxito y que no lo va tener.

-¿Cómo haces para ser al mismo tiempo actriz, maestra y empresaria?
No tengo un minuto. Mi estado natural es el cansancio. Espero poder terminar y descansar un buen tiempo porque estoy realmente extenuada. Aunque trabajar es lo que más me relaja en la vida, tengo mucho trabajo. Entonces termino la novela porque tengo que llegar a Casa Ensamble a ver qué pasó y qué se necesita. Gracias a Dios tengo un grupo maravilloso de gente trabajando allá y siempre estamos en contacto, así sea por teléfono.