Adriana Arango nos habla de su nueva vida


"Ahora hay un espacio que solo me pertenece a mí y lo estoy tratando de entender", confiesa la actriz colombiana Adriana Arango sobre su nueva vida en la televisión y como mamá soltera.

Colombia entera vio cómo su matrimonio se vino abajo. Después del alboroto mediático, solo sus amigos íntimos supieron lo que realmente sucedió. Ahora, Adriana Arango vuelve renovada e imbatible.

Renovada, llena de fuerzas, divina y con su corazón sanando, Adriana Arango habló sobre su separación con Róbinson Díaz, después de siete meses. Compartiendo su conmoción y la mezcla de emociones de su nuevo estado.

"Ámame cuando menos lo merezca, porque es cuando más lo necesito": esta frase se la leyó Róbinson Díaz a Adriana Arango (de 35 años) hace unos días, mientras desayunaban en el apartamento de ella, y se le quedó grabada en lo más profundo. Al contrario de lo que hacen muchas mujeres, quienes terminan odiando a su pareja, ella no ha dejado que él desfallezca y viven una separación en medio de mucho amor.

Luego de varios meses, Adriana regresó a la televisión de la mano del Canal RCN, en una producción de Teleset: ‘Rosario Tijeras’ (donde da vida a la madre de la protagonista, María Fernanda Yepes) después de hacer ‘Mujeres asesinas’. Anteriormente escribió el corto ‘Juanito bajo el naranjo’ y la exitosa cinta ‘Te amo, Ana Elisa’.

-¿Cómo te has sentido dándole vida a Ruby, en ‘Rosario Tijeras’?
La propuesta del personaje me la hicieron Juan Pablo Posada y Alberto Rodríguez; me contaron que se trataba de una mamá que tuvo sus hijos muy joven, una mujer queriendo ser mujer, pero con cuatro hijos. Ella no tiene tiempo de hablar con ellos, de consentirlos, no hay abrazos, solo palmadas y empujones.

-Siendo mamá en la vida real, ¿te han dado un duro el papel?
Claro, me he puesto a pensar en si le dedico suficiente tiempo a mi hijo, será que yo sí sé todo lo que le está pasando. Uno nunca sabe si está actuando bien o no.

-¿Cómo te ha parecido la temática de la serie?
Muy fuerte, pero real. Rosario fue maltratada y va a maltratar. Ruby no se alcanza a dar cuenta de todos los dramas que vive y después se entera de que su hija se vuelve una delincuente. Otra historia sería si hubiera más amor, si la mamá no se hiciera la valiente y les dijera a sus hijos que también sufre.

-¿Qué tal la experiencia de volver a tu ciudad de Medellín (Colombia)?
Me sorprende mi ciudad, ver lo linda que está. Igual lo que estamos haciendo con Rosario es un trabajo profundo, mostrar una realidad triste. Somos un país como huérfano y esa sensación de orfandad se ve en la serie. Sin embargo, los mismos problemas que se encuentran en la comuna se ven en la clase rica o media, solo que allá son más crudos, pero el asunto de la ética y los valores en el país está embolatado.

-¿Qué ha sido lo más duro de la serie?
El tema del abuso sexual. Que alguien me explique por qué un hombre siente deseos de tocar a una niña pequeña. Es una perversión, y me cuesta mucho pensarlo.

-¿Qué tal la experiencia?
El proyecto de ‘Rosario Tijeras’ es muy bonito, mostramos realidades dolorosas, pero ciertas. Los papás están muy enrollados en su día a día y no se percatan de los problemas por los que pasan sus hijos. Es una serie hecha con muchas ganas y entusiasmo. Me han gustado el realismo, los movimientos de cámara, la edición, es otra forma de actuar, de hacer televisión.

-¿Qué has descubierto estando separada?
Cuando se tiene un matrimonio de 17 años, y empezando a los 17, uno no sabe cuál es la diferencia. Mi alma se ha templado más, he limpiado cosas que no me gustan de mí. Llorar limpia, hay que vaciar y botar lo que a uno le duele en el alma. A veces hago unas cestas en la cancha de básquet, practico yoga o camino por la montaña.

-¿Cuándo extrañas a Róbinson?
En muchos momentos, pero los domingos me siento sola. No hay que dejarse llevar por el aburrimiento, por la angustia, por la soledad. Hay que inventarse planes nuevos, vaciar la cabeza para que aparezcan ideas nuevas. Ahora ando inventándome un jueves o un viernes diferentes.

-Después del escándalo, ¿por qué decidiste no odiarle?
Él no solo es el papá de Juan José, sino el hombre que hace 17 años me salvó de la “locura” y me convirtió en su reina consentida. Robin es un hombre extremadamente solitario y está en la mala; no lo voy a dejar morir.

-¿Qué sentiste al enterarte de que Róbinson Díaz te fue infiel con Sara Corrales?
Ese día fue muy doloroso para mí. Lo que sentí fue una decepción inexplicable y un golpe fuerte, después experimenté aburrimiento. Esto que me pasó no me gustó de la vida, recapitulé y me pregunté: “¿qué pasó con mi vida?”. Cuando todo pasó, solo experimenté una pena tremenda, no quería salir a la calle, sentía una vergüenza terrible y sumándole a esa sensación, solo tenía un anónimo que no paraba de mandarme mensajes al celular: "Usted es la más cachona de Colombia, perdió a su marido por ser mal catre. Todo el país se burla de sus cachos, frígida. A Robin le gusta que le hagan esto y aquello con una menta". Pero después caí en la cuenta y dije: "¿Pena de qué? Esto le pasa a mucha gente; eso no significa que esté bien o mal, pero me tocó enfrentarlo, es doloroso, pero lo voy a hacer". Esta infidelidad de Robin me supo y me sabe a cucaracha, pero voy a salir de esto porque todos nos merecemos resurgir, no puedo quedarme toda la vida llorando y enredada en esta cosa tan jarta. Lloré mucho y emprendí a pensar: “¿qué hago?”. Si me enrancho en la rabia entonces saco una sartén y se lo pongo en la cabeza; si me enrollo en esta situación, voy a terminar con gafas oscuras a las 11 de la noche, llorando con mis amigas. No quiero eso, pero tampoco voy a terminar esculcándole el celular, buscándole pelos en las camisas, cualquier pista. Hace años pasé por eso y no lo iba a repetir.

-¿Nunca sospechaste nada?
No y tampoco me hice la loca. De un momento a otro, él se empezó a enfermar, por las noches me abrazaba con fuerza y me pedía que no lo soltara. Después entendí que estaba sufriendo.

-Para superarlo, fuiste a una terapia, ¿cómo fue este proceso?
Nunca había hecho una valoración de mí misma y me estoy deshaciendo de cosas que no me gustan. Para eso necesito un tiempo y un espacio, sin miedo, ni nervios. No sé qué va a pasar, pero tengo la intuición de que estará bien para mí. Ya casi he acabado la terapia, aunque no niego que después de salir del consultorio tengo una tarde muy dura. Quedo descargada, pero casi en shock.

-¿Y cómo ha enfrentado tu hijo de 12 años, Juan José, esta separación de sus padres?
A mi Juanjo le ha costado mucho todo esto, aunque es muy inteligente va mal en el colegio por este drama y aun no sabemos qué tan exitoso o no haya sido el proceso. Lo que sí les aconsejo a otras mujeres que pasen por esta situación es ver que una no puede sola. Hay que acudir a especialistas que le ayuden a salir del meollo y que le indiquen cómo manejarlo con los hijos. No debe dar pena, no pude dármelas de psicóloga, tengo una responsabilidad inmensa.

-¿Fue difícil decidir que te separabas?
Pensé y pensé, pero no quería echarle la culpa a nadie ni a nada. Fue extraño no tener una reacción normal: de rabia, de perturbación y me empecé a preguntar por qué. He estado en un proceso de mirar por qué acabé con todo habiendo tanto amor.

-¿Lo hiciste legalmente?
Eso se resolvió de forma inmediata. Me gustaría decir que durante 17 años estuve al lado de un ser humano maravilloso. No me equivoqué, aun todos los días está pendiente de mí y ha sido un príncipe con el tema de la repartición del “botín”. Fue amorosamente generoso.

-¿Firmaste y partiste?
Sí, me fui a Puerto López (un lugar que desde niña quería conocer), viajé a la India, a Nueva York, a Carolina del Norte, y Robin siempre me siguió, a veces me impacientaba. Aunque viajaba, no se me borraba el casete y era triste. El disco duro estaba ahí y finalmente vi que este es un golpe muy bravo, una apaleada tremenda del alma.

-¿Te arrepientes?
No, hasta agradecida me siento, y todo pasa por algo. Esto no me mató, me fortaleció y he estado construyéndome desde adentro.

-¿Pensarías en volver con él?
De pronto nos espera una vida maravillosa para el futuro, pero no me puedo dar el lujo de dejar pasar esto. Adoro a Róbinson con el alma, pero si no averiguo cual es el problema, me voy a fregar. Todos los días y a cualquier hora del día, alguien me pregunta: “¿van a volver o no?”. Y solo digo que en este momento eso no es importante.

-¿No crees que en este momento pasas demasiado tiempo junto a Róbinson, si estás tratando de sacártelo de la mente?
Cuando hay amor, uno se ayuda. Vuelvo a la frase de “Ámame cuando menos lo merezca”. Yo estoy con Robin, él me hirió, pero no lo voy a dejar en la inmunda. Nadie entiende que hagamos viajes juntos o pasemos la Navidad, pero es posible. Generalmente la gente se separa odiándose, nosotros arrancamos otro camino. Yo era muy suelta cuando era niña y lo único que me atrapó fue el amor; hay un amor muy grande por Robin. Estoy aprendiendo a vivir el amor, pero en el presente, no quiero estar amarrada al pasado ni al futuro. Me siento serena.