¿Dónde está Elisa?


Telemundo presentó el gran estreno de ‘¿Dónde está Elisa?’, el lunes 8 de marzo a las 10pm/9c. La desaparición de una adolescente es el detonante.

Esta impactante historia de suspenso e intriga trata sobre la desaparición de una adolescente, perteneciente a una adinerada familia aparentemente perfecta, que a raíz de este desafortunado incidente enfrentará muchas verdades escondidas. La novela cuenta con un elenco estelar que incluye a Catherine Siachoque, Gabriel Porras, Sonya Smith, Roberto Mateos y Jorge Luis Pila. Con el lanzamiento de esta nueva producción, Telemundo se convierte en la primera cadena de habla hispana en Estados Unidos en transmitir completamente en Alta Definición en el horario estelar.

‘¿Dónde está Elisa?’ es una producción original de Telemundo Estudios en Miami y grabada totalmente en Alta Definición, cuenta con un elenco estelar compuesto por: Catherine Siachoque, Gabriel Porras, Sonya Smith, Jorge Luis Pila, Roberto Mateos, Omar Germenos, Ivelin Giro, Ismael La Rosa, Melvin Cabrera, Karina Mora, Vanessa Pose, Claudia Moreno, Jason Canela, Mauricio Henao y Carmen Aub, entre otros. La adaptación de esta historia está a cargo de la escritora Perla Farías (‘Dame Chocolate’); la novela es producida por Martha Godoy, dirigida por Leonardo Galavis y Nicolás Diblasi, bajo la producción ejecutiva de Aurelio Valcárcel.

Los resultados de medición de audiencia televisiva Nielsen de la noche de estreno de la telenovela ‘¿Dónde está Elisa?’ el lunes 8 de marzo, la telenovela acaparó cerca de 1.3 millones de televidentes, incluyendo 826.000 adultos entre 18-49 años de edad, convirtiéndose en el tercer estreno más visto en el horario de las 10PM dentro de la historia de Telemundo. El estreno obtuvo un 78% más alto que el promedio de audiencia entre los adultos de 18-49 años dentro del horario de las 10-11PM para el mes de marzo. La novela también atrajo a una audiencia más joven, convocando 542.000 adultos entre la edad de 18-34 años.


SINOPSIS:

Los protagonistas de esta historia son un matrimonio de clase alta: Mariano Altamira(43 años) y su mujer, Dana Riggs (40 años). Ambos llevan diecisiete años de feliz matrimonio, se aman y son inmensamente felices.

La acción se inicia en una casa vacacional en Malibú, durante la celebración del cumpleaños de Mariano. Hasta la casa de la playa donde han compartido tantos veranos juntos se ha trasladado el clan completo, compuesto por el mencionado Mariano, y sus muy disímiles hermanas, Cecilia (41 años) y Viviana (37 años), además de sus respectivos hijos y cónyuges.

Mariano Altamira es un hombre de leyes devenido en empresario brillante, carismático y de un innegable atractivo físico. Vergonzosamente millonario gracias a un holding de empresas donde se incluyen una viña, una constructora, una cadena de supermercados y un periódico, cada paso que Mariano ha dado en la vida lo ha dado con seguridad. Este rasgo de su personalidad lo ha llevado a ocupar el rol de gerente general de la empresa familiar, negocio que inició su abuelo hace años atrás con un solo negocio: la tradicional Viña Domínguez, la misma que hoy logra el éxito internacional gracias a las gestiones de Mariano y de Dana, su mujer, la reputada enóloga y gerente de producción de la misma Viña. Gran parte de la felicidad del matrimonio se debe a sus respectivas carreras exitosas, sus estándares de vida, sus proyectos en común, pero muy especialmente a las tres hijas que tienen, Elisa, (16 años), Cristina (14 años) y Olga (10 años). La felicidad en la que viven Mariano y Dana está a punto de esfumarse.

Los festejos del cumpleaños de Mariano prosiguen sin sobresaltos. Luego de apagar las velas y pasar el día en familia, los primos mayores, Santiago Rincón y Eduardo Cáceres, piden permiso para ir a una fiesta en un club local de teenagers, “Over the Moon”. Elisa y su otra prima, Flor Cáceres, hermana de Eduardo, también quieren ir. Luego de una discusión al respecto, Mariano accede al permiso, con la condición de que a las tres en punto de la madrugada, los jóvenes estén esperándolo. Los primos salen, entusiasmados, mientras los adultos se quedan celebrando en la casa. Mariano ha bebido un poco, de manera que Dana le propone que se vaya a la cama: ella y Cecilia irán a buscar a los niños. Las cuñadas salen en coche en busca de los jóvenes. Llegan hasta el Club. Otros padres también esperan a sus niños. Los jóvenes comienzan a abandonar la fiesta, aparecen Santiago y Eduardo, quienes dicen que no han visto a Elisa. Elisa no aparece ni contesta su celular. Dana interroga a los primos, pero ellos aseguran no saber dónde puede estar Elisa. Pasan las horas y Elisa no llama ni regresa a su casa.

Entre la desesperación y la incertidumbre, Mariano y Dana intentan enfrentar los acontecimientos tratando de guardar la calma y, especialmente, la esperanza. Pero, con el transcurso del tiempo, la paciencia comienza a agotarse, en especial al no recibir llamadas telefónicas ni advertencias de ningún tipo. Lo que se perfilaba como un secuestro parece desconcertar a todo el mundo debido a la falta de testigos. Nadie parece haber visto absolutamente nada.

Dispuestos a todo con tal de encontrar a su hija, los Altamira Riggs se obsesionan con una investigación donde no hay muchas pistas, sólo el rostro de una joven que de la noche a la mañana desapareció sin dejar huellas. Pronto surgen distintas teorías sobre la desaparición, una de las cuales indica que Elisa no desapareció, sino que escapó de sus padres debido a experiencias de abuso y maltrato.

El comisario de la Policía de Investigaciones a cargo del caso, Cristóbal Rivas, entra en acción con el objetivo de encontrar pistas. Para ello, establece una relación muy cercana con los Altamira, interrogando no sólo a los adultos, sino también a los primos de Elisa, que también se encontraban en el lugar de la desaparición.

Acosados por la policía y la prensa, para lograr su gran propósito Mariano y Dana deben establecer un plan de acción que a menudo debe actuar fuera de los márgenes de la legalidad. Olvidando sus correctos métodos y desesperado por la lentitud con la que avanza el caso, Mariano logra elucubrar una teoría acerca de la desaparición de su hija: alguien muy cercano a su núcleo familiar sabe más de la cuenta. Enfrascado en la tarea de desenmascarar al posible responsable, Mariano se enfrenta con rudeza al comisario Rivas, oposición que se verá complicada cuando el policía comience a sentirse fuertemente atraído por Dana.

Durante el inicio de la investigación, tres teorías se manejan en torno a la desaparición de Elisa. La primera tiene relación con un secuestro planificado y que, considerando la posición de Mariano, podría tener características de vendetta. Cristóbal sospecha que Mariano le oculta algo. La segunda teoría surge a partir de la evidencia en torno a una relación sexual entre Elisa y su primo Santiago, secreto en el que también podrían estar involucrados sus otros primos, Eduardo y Flor. El comisario Rivas intuye que algo ocurrió en el Club “Over the Moon” y que los jóvenes ocultan algo. Una tercera teoría apunta hacia el plano del abuso sexual: alguien se llevó a Elisa quien sabe con qué intenciones de satisfacción personal o comercial. El comisario Rivas intenta ser muy cauto en este aspecto, evitando que los padres de Elisa y, además, la prensa, elucubren hipótesis erradas.

Mariano y Dana se ven enfrentados a una serie de obstáculos que van desde la burocracia judicial hasta la suspicacia de la policía sobre su propia responsabilidad en la desaparición de Elisa. Convertidos en investigadores y, al mismo tiempo, en sospechosos, Mariano y Dana lo sacrificarán todo con tal de llegar a la verdad, incluyendo la confianza que se tienen el uno al otro, la estabilidad de su propio matrimonio y todos los valores en los que tanto creyeron. Juntos tendrán que llegar al origen de los hechos, aunque es probable que la verdad sea mil veces más cruda de lo que imaginaban.

Avanzada la historia, Mariano y Dana descubrirán que sus peores miedos eran reales. Ni en sus pesadillas más macabras imaginaron que algo así podía ocurrirles a ellos. Tras el hallazgo de una pista clave, Elisa aparece viva, pero muy mal herida. ¿Quién la atacó de manera tan brutal? ¿Dónde y con quien estuvo Elisa el tiempo que permaneció desaparecida? El enigma está recién comenzando...


PERSONAJES:

Vanessa Pose es
Elisa Altamira
Hija de Mariano y Dana, hermana de Olga y Cristina. En apariencia es una muchacha integrada, muy despierta, con una relación muy cercana con sus familiares y especialmente con sus primos, Santiago y Eduardo. Su precoz adolescencia y su deseo de convertirse en mujer, la han distanciado de su madre, Dana, quien todavía piensa que es una niña, a pesar de tener 16 años. Con su padre tiene una relación de amistad y mucha confianza. Para Elisa, su padre es su adoración. Para los ojos de todo el mundo, Elisa es una hija mayor ejemplar, una hermana generosa y preocupada, una brillante alumna de Décimo grado de High School, admirada en su círculo y respetada por sus pares. Sin embargo, tras su desaparición, además de sus virtudes aparecerá la figura de una niña de personalidad turbulenta, conflictiva y que durante mucho tiempo ha guardado varios secretos, algunos de los cuales son ignorados incluso por sus más cercanos. La imagen de Elisa niña, dará paso a la figura de una adolescente provocadora, rebelde y dispuesta a todo con tal de llamar la atención de los demás. A través de la investigación del comisario Cristóbal Rivas, tanto Mariano como Dana descubrirán que su hija había cambiado y que nadie se había dado cuenta.

Gabriel Porras es
Mariano Altamira

Es el padre de Elisa. Hermano de Cecilia y Viviana, casado con Dana; padre de Elisa, Cristina y Olga. Como Gerente General de su conglomerado de empresas, Mariano es un hombre orgulloso de sus logros y consciente de sus capacidades. Su bisabuelo, don Leonardo Altamira, fundó la Viña que lleva su nombre hace ochenta años atrás. Mariano (de 43 años) estudió leyes porque eran su pasión y durante varios años se destacó como uno de los mejores abogados penalistas del país. Tras la muerte de su padre, cuando él era aún un muchacho, Mariano decidió continuar la tradición familiar, un concepto elemental para entender su personalidad. Convertido en el responsable de sacar adelante un negocio complicado y desconocido, al cabo de dos años logró consolidar las exportaciones y afianzar el nombre de la Viña Altamira en el mercado internacional. Hoy su gestión es constantemente elogiada y su talento a la hora de los negocios lo ha llevado a extender el imperio Altamira hacia la construcción (con la torre de 60 pisos que proyecta su cuñado Bruno), la exportación (con el negocio que controla su hermana Cecilia) y los medios de comunicación (con un periódico de circulación nacional). Mariano siente que cumplió el sueño de su bisabuelo. Noble, de una corrección a menudo inquietante, muy apegado a las leyes y las normas de conducta, Mariano adora a su mujer y a sus hijas. A pesar de la falta de tiempo y los típicos problemas de comunicación, Mariano es un padre dedicado y presente. Lo mismo ocurre con su mujer, Dana, con quien no sólo comparte la casa, sino también la oficina. Mariano conoció a la enóloga Dana Riggs, cuando ella estaba terminando sus estudios de Agronomía. Mariano se enamoró de ella y le dio tres hijas. Actualmente, la pareja intenta darse tiempo para lograr la intimidad, aunque a menudo el trabajo, las niñas y la vida doméstica se les hacen cuesta arriba. En su afán de que las cosas funcionen a la perfección, Mariano siempre ha intentado educar a sus hijas con cariño, pero un cariño riguroso, basado en la disciplina, el orden y la confianza. De sus tres hijas, para Mariano, la favorita siempre será Elisa, la mayor, la primera. Con Elisa mantiene una cercanía muy particular, una relación de cariño y confianza, que se verá bruscamente interrumpida con su desaparición. Entonces, el orden de las cosas se resquebraja para Mariano. Todo aquello en lo que creía fervientemente, se derrumba de la noche a la mañana. Nunca se imaginó que algo así podía llegar a sucederle a un hombre como él. Sumido en la desesperación, los peores rasgos del ser humano aparecen en Mariano. Acostumbrado al poder, no logra convencerse de lo ocurrido. Su personalidad choca desde un comienzo con la del comisario Cristóbal Rivas, el detective del Departamento de Policías de Los Ángeles (LAPD). Mariano detesta al policía y no tolera la lentitud de los procesos, razón que lo lleva a investigar por su cuenta. Mientras Mariano se dedica a encontrar pistas que lo lleven a Elisa, el comisario descubrirá ciertos detalles en el historial de Mariano Altamira que podrían explicar la desaparición de su hija y que, además, podrían hacer tambalear su estabilidad matrimonial. Durante la historia, Mariano se obsesiona a tal punto con la búsqueda de Elisa que abandona con frecuencia a su mujer e hijas. Abocado a la tarea de configurar una escena de la desaparición y de encontrar testigos que hayan visto a Elisa durante esa noche fatídica, Mariano está en constante movimiento, olvidando su trabajo, su familia y especialmente, su matrimonio. Su sorpresa será mayúscula cuando el comisario Rivas descubra que durante los últimos dos años ha mantenido un romance estable con Isabel Ríos, su secretaria y asistente. El mundo del empresario del año colapsará definitivamente cuando comprenda que su mujer, Dana, la madre de sus hijos, ha encontrado el apoyo que necesita en los brazos del mismísimo comisario Cristóbal Rivas.

Sonya Smith es
Dana Riggs

Casada con Mariano Altamira, madre de Elisa, Cristina y Olga. Agrónoma con especialidad en enología, Dana es una madre dedicada, experta en la ardua tarea de compatibilizar familia y trabajo. De personalidad apacible, muy cercana a la vida al aire libre y la naturaleza, ama a su marido e hijas tanto como ama su profesión. Su carácter afable, generoso y dedicado se complementa a la perfección con el de su marido. Dana confía en Mariano y cada día lo seduce su inteligencia, su sentido de la caballerosidad y su impecable labor de padre. Hasta el inicio de la historia, Dana (de 38 años) vive en un mundo perfecto, una burbuja, rodeada de cariño, comodidades y perfección. Sin embargo, la felicidad dura hasta la noche en que su hija Elisa desaparece. Eso marca un antes y un después en la vida de todos los personajes, pero en Dana el cambio es radical. Su personalidad se transmuta, cambia su manera de ser, de relacionarse con los demás y de mirar el mundo. De ser una mujer natural y confiada se hace impulsiva, belicosa, incapaz de volver a creer en el ser humano. Dana es la que no da su brazo a torcer, la que siempre cree que Elisa está viva y que algún día la recuperarán. A medida que avanza la historia, sus ilusiones se resquebrajan y también se ve afectada su escala de valores. Devastada, no encontrará en Mariano el apoyo que espera, principalmente debido a que él está ausente, muy empeñado en la investigación por su cuenta. Dana entonces establece una relación con el comisario Rivas, un hombre que ha sufrido un drama similar al suyo y que la orienta en varios sentidos. Con Cristóbal se conecta esencialmente a través del dolor. A través de la investigación, Cristóbal descubre que Mariano mantiene una relación paralela con otra mujer. Se trata de su secretaria, Isabel Ríos. Decepcionada de su marido, Dana se entrega a un romance con el comisario Rivas. A partir de ese momento se verá inmersa en una ola de sospechas cruzadas, críticas de parte de la familia y, además, sufrirá más de una decepción al enterarse de varios secretos más que existían en su círculo familiar.

Jorge Luis Pila es
Cristóbal Rivas

Hace nueve años que la vida de Cristóbal Rivas dio un giro radical del que nunca pudo reponerse. Ángeles Salazar, su mujer, y Sofía, su pequeña hija de siete años, murieron en un confuso accidente provocado por una red de narcotraficantes a los que él estaba a punto de desmantelar junto a la Brigada de Narcóticos del LAPD, a la que pertenecía. El hecho marcó profundamente la vida de Cristóbal, que tiene 43 años. Desde entonces el dolor y la culpa no le han dejado vivir en paz. Actualmente trabaja en la Sección de Secuestros, a la que él mismo pidió ser trasladado luego del incidente. Ahí se desempeña como uno de los detectives más asertivos y temerarios de la institución. Y pese a que con el tiempo se ha transformado en un hombre extremadamente hostil, seco, duro y de pésimo trato, su sólo nombre inspira respeto entre sus compañeros y subalternos. Solitario y huraño, Cristóbal vive en las afueras de la ciudad con la única compañía de su perro Baltasar. Sólo se relaciona con la gente a partir de su trabajo. Ya casi no tiene amigos ni vida social y la única persona con la que conversa sobre sí mismo es con su psiquiatra, la doctora Amanda Goldstein. Es en su diván donde desvela que detrás de su coraza de hombre duro y huraño, se esconde un alma profundamente herida. Es por eso que cuando Cristóbal debe hacerse cargo del caso de la desaparición de Elisa Altamira, algo lo remece interiormente. Éste no es un caso cualquiera para él. De estar viva Sofía, su hija, tendría la misma edad de la desaparecida Elisa. Cristóbal toma el caso de manera muy personal y secretamente siente que ésta es una oportunidad de reparar su propio pasado. Salvando a la joven Elisa, Cristóbal siente que de alguna manera se salva a sí mismo. Y puede que esto sea real. Cristóbal conoce a Dana Riggs, la madre de Elisa, e inevitablemente se siente tan cercano a ella en el dolor y en la pérdida, que no puede dejar de abrir su propia coraza para tratar de conectarse con ella. Nadie como él para entender el vacío en el que Dana ha quedado. El amor tiene misteriosas y extrañas maneras de manifestarse. En medio de la tristeza más absoluta, Cristóbal y Dana terminan enamorándose perdidamente, ante los ojos enjuiciadores de todo el mundo.

Catherine Siachoque es
Cecilia Altamira

Casada con Bruno Cáceres, madre de Eduardo y Flor, hermana de Mariano y Ana. La tía de Elisa. La mayor de los Altamira (que ya tiene 40 años) fue criada para el éxito. Entró a estudiar ingeniería comercial y obtuvo excelentes puntajes. Su padre dio una fiesta el día en que se graduó y, en un emocionado discurso, elogió su inteligencia y fortaleza de carácter, también dijo que Cecilia era su sucesora natural. Cecilia admiraba a su padre por sobre todas las cosas y desde ese día creyó firmemente que algún día se haría cargo de las empresas familiares con gran éxito. Tenía planeada su vida desde los 16 años: quería casarse con un hombre serio, tener hijos y criarlos igual como la habían criado a ella, con todas las comodidades, pero con un alto sentido de responsabilidad y respeto a la familia. La vida la sorprendió cuando puso en su camino a Bruno Cáceres, un talentoso arquitecto de personalidad explosiva y encantadora. Intelectual, intenso y muy inteligente, fascinó a Cecilia con su ingenio y el prestigio que gozaba a pesar de su juventud. Su padre no lo vio con buenos ojos, pero Cecilia estaba enamorada, sentía que junto a Bruno le esperaba un futuro brillante y exitoso, incluso mejor que el destino que ella misma había imaginado. Con mucho más glamour y chispa, eso era seguro. En 1995, cuando Cecilia tenía 25 años, se casaron con una gran fiesta. Ella estaba radiante, no le importó que una semana antes Bruno se había besado con una de sus mejores amigas en una fiesta. Ella los descubrió en el baño y, a pesar de la rabia que sentía, pudo entender que se trataba de un desliz de borrachos, aceptó las disculpas desesperadas de Bruno y su amiga y les hizo jurar que jamás le contarían esto a nadie. Siete días después, se presentó de blanco y con un ramo de claveles blancos en la iglesia, segura de que Bruno la amaba, a pesar de todo. La fiesta se comentó durante meses en los círculos sociales y la familia Altamira comenzó a aceptar al cuñado algo loco, pero encantador. Después vinieron los hijos, los grandes éxitos en la carrera de Bruno y también en la de Cecilia. Los Cáceres Altamira se transformaron en una familia exitosa, entretenida e ideal, el orgullo máximo de Cecilia. A los cuarenta años, Cecilia se considera una mujer de éxito. Su carácter fuerte y gran capacidad de mando, sin dejar de lado su elegancia natural, la llevaron lejos en los negocios. Cecilia comenzó a trabajar con su padre desde muy joven y, desde su muerte, se dedicó completamente a la empresa emblemática de la familia, la Viña Altamira. Cecilia es la gerente de marketing y junto a su hermano han logrado elevar la calidad y el prestigio de la Viña a nivel internacional. Cecilia quiere mucho a su hermano Mariano, pero siempre está compitiendo con él en los negocios y en la vida familiar. La competencia es algo natural entre los hermanos Altamira. Con su hermana menor Viviana, la relación es diferente, Cecilia nunca soportó que su padre malcriara a Viviana y no fuera estricto y exigente como lo era con ella. Siempre la está cuestionando y juzgando su frivolidad y falta de ambición. Cecilia dirige a su familia con la misma gracia y firmeza que utiliza en los negocios, es una madre contenedora y controladora, siempre preocupada de la estabilidad de la familia. Con su hijo Eduardo; Cecilia tiene una relación muy cercana, pero a menudo lo sobreprotege. Cecilia advierte que su hijo no es como los demás, que tiene una personalidad marcadamente retraída que podría traerle problemas en el futuro. Cecilia intenta ayudarlo con todas las herramientas posibles sin que Eduardo se dé cuenta. Madre e hijo tienen un mundo muy propio y hoy, en plena adolescencia, Eduardo está abandonando. La casa ideal de Cecilia Altamira es algo que le ha costado esfuerzo, pero la tiene absolutamente satisfecha y no está dispuesta a arriesgarla por nada. Cecilia ha sabido adaptarse a la cada vez más ególatra personalidad de su marido, incluso ha ignorado muchas de sus aventuras, a cambio de una familia estable, con hijos ejemplares y quince años de matrimonio con un marido exitoso al que aún ama como el primer día en que lo conoció. La fortaleza de Cecilia será un pilar fundamental para mantener unidos a los Altamira después de la desaparición de Elisa. Ella hará todo lo posible para que su familia no se desmorone.

Roberto Mateos es
Bruno Cáceres

Casada con Cecilia Altamira, padre de Eduardo y Flor. El tío de Elisa. A veces, cuando está en su taller a solas, dibujando algún bosquejo o simplemente observando la vista que tiene a través del ventanal, Bruno se atreve a pensar que es un genio. Recuerda los imponentes edificios que ha construido, los premios que ha recibido por ellos. Se siente orgulloso de sus logros y considera que su vida es perfecta. Desde que estaba en la universidad sus novedosas ideas cobraron notoriedad. Pronto empezó a trabajar y tuvo la libertad para participar en proyectos importantes y prestigiosos. Los premios vinieron con los años y su nombre se consolidó hasta ser un referente en la arquitectura nacional. A los 42 años, le nombraron decano de una Universidad privada y se transformó en el profesor estrella. Le encanta relatar sus experiencias ante un montón de alumnos y alumnas impresionados con su éxito. La verdad es que Bruno Cáceres tiene un ego del tamaño de los edificios que construye y necesita que se lo alimenten constantemente. Es encantador, sabe gozar de la vida y lo hace por todo lo alto. Lleva quince años casado con Cecilia Altamira, la hija mayor de una de las familias más poderosas del país, dueños de numerosas empresas y de una impresionante fortuna. Bruno ha sabido ganarse un lugar en la familia Altamira, durante años luchó contra la oposición de su suegro, hasta que el éxito de su trabajo lo convenció. Para los Altamira, lo más importante era el éxito y estaban dispuestos a comprender las excentricidades de Bruno, si era considerado uno de los genios de la arquitectura nacional. Junto a Cecilia, han vivido un matrimonio de éxitos y lujo. Bruno durante los primeros años de matrimonio, viajaban a Europa tres veces por año, y las amantes de Bruno eran menos frecuentes que ahora. En la casa Cáceres Altamira, Cecilia es la encargada de que todo funcione. Bruno aporta la alegría y las fiestas. Es el tío favorito de los primos, que lo consideran genial, especialmente cuando fuma marihuana en alguna fiesta familiar y se ríe ante los reproches de Cecilia o Mariano. Al único de los niños que no le causan gracia las locuras de Bruno es a Eduardo, su hijo, que lo considera un hombre egoísta, incapaz de oír a los demás. Bruno tiene un estudio de arquitectura donde desarrolla sus proyectos más personales. Ahí trabaja junto a su cuñada Viviana y Ricardo de la Fuente, joven arquitecto, en cuyo talento Bruno descansa. Ambos fueron alumnos de Bruno en la universidad y lo idolatran, los tres salen mucho juntos e inventan nuevos proyectos en los bares de madrugada, o van a fiestas con los bohemios amigos de Bruno. Cecilia tolera la vida desordenada de Bruno, porque le ama, ha logrado que su matrimonio alcance un estado de equilibrio y no lo quiere arriesgar. Bruno sabe que tiene sus licencias, pero también tiene claro que su vida no sería lo mismo sin Cecilia a su lado, ella le da estabilidad y Bruno la necesita. El egoísmo de Bruno, le impedirá ser un verdadero apoyo para su familia después de la desaparición de Elisa. La relación con su hijo Eduardo hará crisis en medio de la tragedia.