Camilo Sáenz se reinventa


Camilo Sáenz se reinventó y por fin se siente libre. En televisión es camaleónico. Lo hemos visto con cara de galán, niño rico y ahora como Pirulito, en la segunda parte de ‘El Cartel’, el narcotraficante encarcelado en Brasil y obsesionado con la idea de fugarse. Este personaje le ha costado lágrimas, tensión y depresión, interpretarle.

Atrás quedó la imagen de hombre sexy. Además de raparse, el personaje lo obligó a pegarse las orejas hacia atrás, depilarse las cejas, usar lentes de contacto oscuros y soportar horas intensas de maquillaje. Duros y drásticos. Así fueron los cambios que sufrió el actor bogotano Camilo Sáenz, para interpretar el personaje de 'Pirulito' (Chupeta, en la vida real), en la serie del Canal Caracol, ‘El Cartel 2’, durante más de cuatro meses de grabación.

El actor Camilo Sáenz tiene la madurez de un alma que ha vivido más de 100 vidas. Cuando sus padres decidieron separarse, él tenía 10 años, inició su correría por el mundo. Vivió en Miami con su papá, después en Barcelona con su mamá, también en Madrid y terminó en Colombia.

Soñaba con ser arquitecto o deportista de alto riesgo, pero gracias a una buena amiga se enroló en la actuación. Su debut fue en ‘Padres e hijos’ y en ‘A dónde va Soledad’. “He trabajado en España, México, Estados Unidos y Colombia. El teatro es otra de mis pasiones, en el 2009 tuve dos puestas en escena: la muerte de un viajante y el cine me trasnocha”. Sin pensarlo se convirtió en actor. La idea de ser actor nunca fue algo premeditado. Según Sáenz, está en el medio porque le tocaba. Una vez validó el bachillerato no tenía ni idea de qué quería hacer con su vida, pero la novia que tenía en ese entonces, le entusiasmó a estudiar actuación como para matar el tiempo.

-¿Cómo viviste el papel de ‘El Cartel’?
Es la primera vez que tengo un cambio tan dramático en mi carrera como actor y ha sido maravilloso porque le permite a uno mudar de aires, salirse de lo cotidiano. La labor de maquillaje fue buenísima: eran casi 45 minutos mientras me ponían los cachetes, los dientes, todo.

-En la primera parte de ‘El Cartel’, tu personaje lo hizo Juan Pablo Raba, ¿cómo armaste tu versión?
Realmente empecé por ver lo que hizo él y analizar el personaje real; leí mucho, vi noticias y videos. Me apropié de su contexto de vida, le di cambios y comencé a jugar con él. Me encerré en mi casa durante varios días para intentar imaginarme lo que se sentía vivir en una cárcel. No salí, no hablé con nadie, no hice mercado y simplemente experimenté un silencio ensordecedor, que me deprimió. Al mirarme al espejo, la confrontación fue dura.

-¿Cómo fue el cambio físico para dar vida a ‘Pirulito’?
Ni siquiera algunos conocidos que no sabían que yo estaba participando en el proyecto, me creían que era yo quien le interpretaba. Me dejó muy contento este personaje por el cambio al que me sometió. Me permitió salir de esos personajes “caribonitos”, en los que me estaban encasillando. Me dio alegría hacerlo porque me obligó a cambiar mi cuerpo, mi cara y mi forma de hablar. Me puso muy contento porque cuando me vi, me dije: “qué bueno porque uno sí puede cambiar.

-¿Y a la hora de grabar experimentaste la misma angustia?
Mi personaje se queda en la cárcel en Brasil, su vida se convierte en tratar de salir del hueco a toda costa. Aquí en Bogotá grabé en la Cárcel Distrital y en un estudio y la verdad es que se siente horrible, una impotencia berraca; un alma sucia, como una especie de muerte en vida: ahí no pasa nada, el mundo se mueve y uno no puede ni pensar en caminar.

-¿Y compartiste con el resto del equipo?
Las grabaciones duraron apenas unos meses. El hecho de haber compartido con los demás actores fue una gran experiencia, pero me tocó más solo y, a pesar de que fue poco el tiempo, lo disfruté mucho. Todos son muy profesionales, los técnicos, los directores, los productores, una maravilla.

-¿Cómo comenzaste en el mundo de la actuación?
Me inscribí en la Charlot y para uno de los exámenes nos tocó hacer un montaje de ‘La ventana indiscreta’, de Alfred Hitchcock, no sé cómo ni por qué, pero nos aplaudieron y los profesores nos felicitaron y nos elogiaron mucho el trabajo. Ese reconocimiento me movió el piso y en ese momento decidí que me iba a quedar en esto. Luego tomé clases con Paco Barrero, Alfonso Ortiz y Jorge Cao. Hasta que viajé a España y durante tres años estudié en el Instituto Internacional de Cine y luego con el maestro Juan Carlos Corazza.

-¿Qué lugar ocupa esta serie en tu carrera?
Creo que me abrió otro camino y como ha tenido tanto eco en el exterior la serie, eso ha permitido que empiecen a preguntar por mí. Siempre tuve claro que esto tenía que pasar para quitarme esa máscara de “niño bonito”. Creo que por eso mismo, ahora estoy a la espera de nuevos proyectos en lo que seguramente voy a estar.

-Tus últimos papeles en ‘El penúltimo beso’, ‘La Bella Ceci y El Imprudente’ y ‘El Cartel 2’ han sido de villano, ¿será que te encasillaste?
Cuando aparezca, haré de bueno, me ha tocado de malo y lo he disfrutado mucho porque este tipo de personajes te da la posibilidad de crear, de ponerte máscaras y de matizar. Uno no escoge los personajes, los que me han tocado han sido villanos, pero cuando llegue el bueno también lo seré. Tengo carita de bueno (risas).

-Viviste el honor de tener como maestro a Juan Carlos Corazza, el mismo sensei de Javier Bardem, Ana Gracia y Margarita Rosa de Francisco, entre otros. ¿Cómo fue tu paso por la escuela?

Fue impresionante, aprendes mucho. Allí realicé varios talleres y entiendes otra forma de enseñar, te abren el espectro de la actuación, allí renuevan los enfoques y las propuestas de entrenamiento. Fue un honor estar rodeado de maestros que siguen tu proceso integral. También pasé por Barcelona y me sedujo el mundo del celuloide, allí realizamos montajes y terminé siendo asistente de dirección. Fue una experiencia gratificante y dura: lloré mucho, pero se me quitaron el miedo, los temores. En el campo cinematográfico también he trabajado como productor y director de cortometrajes.

-Has actuado en México, Estados Unidos y Colombia, ¿qué te dejó ese paso por otras plazas?
Trabajé en ‘Ángel Rebelde’ y en ‘El amor no tiene precio’ y entendí otro mercado, otro negocio, ni mejor ni peor. El experimentar en otras plazas te abre el mundo, tu visión actoral, de todas las experiencias se aprende.

-Te separaste hace un tiempo y nuevamente estás en pareja, ¿volverías a pasar por el altar?
Totalmente, aunque no niego que me dolió la separación, que me dio duro y que tuve que sanar muchas cosas. Sin embargo, me reencontré con el amor y estoy muy feliz con una mujer perfecta para mí: amante de las motos, de la velocidad, de los retos, y tenemos varios proyectos juntos.

-¿Qué te gusta hacer en tus ratos libres?
Me encanta cocinar, preparar un asado, llamar a los amigos para preparar comida en mi terraza y pasar un buen rato con ellos.

-¿Y qué nuevos proyectos te esperan?
Estamos armando un guión, un proyecto para venderlo y producirlo; lo estoy realizando en compañía de mi novia, una creadora innata.

-¿Cuáles son tus pasiones?
La velocidad, las motos y los relojes.

-¿Y cuál es tu sueño?
Pilotar un avión. Planeo hacer un curso de aviación en breve.