Constanza Duque, con una experiencia inigualable


Constanza Duque es Emilia en ‘Clase Ejecutiva’. Tierna, tragicómica, terca, divertida, dulce, sensible, perfeccionista e inusual, así es Constanza Duque, a la que siguen recordando por su papel de Carmenza, la madre de Gaviota en ‘Café, con aroma de mujer’.

Esta colombiana, soltera y educada en un colegio de monjas, es una actriz a la que el público colombiano fue conociendo lentamente: participó en ‘El Bogotazo’, ‘Últimas tardes con Teresa’, ‘No juegues con mi vida’ y ‘Dos rostros y una vida’, entre otras producciones.

Estudió bellas artes, y luego viajó a México, donde permaneció durante un año. Recorrió Europa, donde asumió su papel de mujer aventurera. Apasionada por la danza, la música y el teatro, recorrió a los grandes maestros de la dramaturgia. Hizo muchas obras teatrales, y la más recordada de todas fue una serie de monólogos plenos de humor y drama, titulada ‘Rosamunda’.

Queridísima actriz, con una experiencia en la actuación inigualable, desde muy joven puso que quería ser parte de la actuación en su país, puso todo su empeño, paso con por grandes escuelas de actuación, y hoy en día Constanza Duque es una de las actrices colombianas con un carisma evidente.

Hizo pequeños papeles en la televisión, y su primer protagónico fue en la comedia ‘Laura por favor’, escrita por Fernando Gaitán. También la recordamos en sus últimos papeles por participar en telenovelas como ‘Guajira’, ‘El Inútil’, ‘Pecados capitales’, ‘La viuda de la mafia’, ‘Hasta que la plata nos separe’, ‘Novia para dos’, ‘Gabriela, giros del destino’ (2009) y por último ‘Clase Ejecutiva’.

-Constanza, ¿cómo es tu personaje de ‘Clase Ejecutiva’?
Emilia es muy seria, todo lo opuesto a lo que uno espera ver en una comedia. Emilia es la dueña del “aviso”, pero está encartada porque ella es viuda y en realidad el negocio lo manejaba su difunto esposo. Ella cometió el error de nombrar a un gerente que no era idóneo y ahora le toca manejar este despelote. Es una señora “bien”, paisa, muy recta y ecuánime, pero es de esas mujeres que estaba acostumbrada a que todo lo hiciera el marido. Emilia es de las que se encierra sola a llorar en el baño cuando siente que los problemas se le vienen encima.

-¿En qué te pareces a tu personaje?
Nos parecemos en el acento paisa, yo soy de Manizales (Colombia). Por otra parte, Emilia es un poco ingenua, yo trato de no serlo tanto, aunque soy un poco confiada. A Emilia se la “pasan por la galleta” muchas veces, sobre todo Leonardo y Julián (John Alex Toro y Martín Karpan). Yo soy una persona que en principio sí creo que la gente está haciendo el bien, pero tengo un poco más de malicia como para no dejarme embolatar. Nos parecemos en que nos gusta mantener un orden, Emilia fue educada en un colegio de monjas y cree que debe haber mucho orden y silencio. A mí me molesta mucho el ruido y la bulla, a Emilia también. Al comienzo me daba mucha dificultad manejarlos a todos hablando al tiempo, pero le adapté eso al personaje: “ay muchachitos estense quietos”, les digo ahora.

-¿Qué pueden aprender los televidentes de Emilia?
De una parte Emilia es muy recta, es una mujer de una sola pieza, eso es muy bueno, pero también pueden aprender a que no se debe ser tan ingenuo.

-¿Cómo recuerdas tus inicios en la actuación?
Yo soy de la ciudad de Manizales (Colombia), allí hay un festival de teatro que por su momento fue muy famoso. Aunque hay gente que dice que desde niña se veía que iba a ser actriz. Toda la vida tenía como una capacidad para afrontar las cosas horribles y difíciles, las tareas y las obligaciones en mi casa y todo, me lo inventaba como personaje; es una anécdota por esa parte. Yo empecé a estudiar primero Bellas Artes porque en esa ciudad no había escuelas de teatro, ni yo me imaginaba que eso podía ser una profesión, y decidí hacer teatro universitario como aficionada. Después de estudiar como cinco o seis años, me fui a viajar por Europa y viví del sombrero, canté en el metro y un día dije: “¡Yo quiero ser actriz!”. Regresé para Colombia porque estaba ya sin dinero, de andariega, y volví a Bogotá a estudiar en la Escuela Nacional de Arte Dramático, que en ese momento era una escuela muy importante en la que se formó gente como: Robinson Díaz, Pedro Camargo, actores muy reconocidos y al ver al profesor Alfonso Ortiz inicié en ‘La Candelaria’. Allí estudié cinco años y cuando ya estaba terminando por primera vez la parte de teatro, me llamó Jorge Luis Triana. Él es un director muy conocido, que hacía unos programas históricos que se llamaban ‘Revivamos nuestra historia’. Escribió una historia que se llamaba ‘El Bogotazo’, que era sobre la muerte de Gaitán y fue ahí mi primer papel en televisión, sin dejar de hacer teatro y televisión. Desde ahí, no he dejado de hacer ninguna de las dos cosas y estamos hablando como del año 81-82, ya llevo más o menos 28 años en esto.

-¿Qué significa para ti ser actriz?
Seguramente hace unos 20 años hubiera dado una respuesta como: es pararme en un escenario frente a una cámara e interpretar, pero en este momento siento que soy un instrumento maravilloso para expresar ideas y pensamientos de esas personas. Tengo una voz, soy la voz de esas voces y presto mi cuerpo a otras historias, a otros personajes. Eso es ser actriz, ser un instrumento, un medio a través del cual se cuenta una historia, un don que me ha permitido contar las vivencias de muchos, aprender, conocer y ser diferentes mujeres de distintas edades, estratos, problemáticas. Ser actriz es una bendición, en este momento de mi vida así lo considero.

-Aparte de actuar, ¿practicas alguna otra disciplina?
Son muchas las disciplinas que tienen que ver con mi trabajo. Para mí sí me dicen qué hago en mi tiempo libre o cuál es mi hobbie, me cuesta mucho trabajo decirlo porque toda mi vida se ha ido armando alrededor de mi profesión. Siempre estoy entrenándome físicamente, tengo clases de danza porque me gusta bailar y estar con mi instrumento afiladito para cualquier personaje. Me preocupo por los problemas de la voz, cómo solucionarlos, por estar en clases de canto, haciendo talleres, trabajo con toda cosa que tenga que ver con mi oficio, todo para ser una actriz integral.

-¿Qué te satisface de trabajar en televisión?
En televisión hay dos cosas, una que no puedo negar, que hay un reconocimiento, no es el ser famoso. La gente te asume como tu familia, me saludan en la calle, son muy amables conmigo, aunque cuando hago un papel de mala no es tan amorosa la reacción de la gente, pero siempre hay un gran afecto y uno siente que es parte como de las familias y que de alguna manera ha colaborado como a mostrar un pedazo del mundo de otra manera. La televisión me gusta a nivel actoral y personalmente. Yo venía de teatro y los del teatro teníamos muchas prevenciones de que la televisión era un poquito como prostituirse porque era una cosa como comercial. Hoy en día me encanta como medio, me parece que es muy poderoso. Mientras yo he hecho teatro toda mi vida, por allí me ven pocas personas, por televisión salgo cinco minutos y ya me ve un país entero. Eso también me da mucho oficio porque yo un día en televisión tengo que grabar unas veinte escenas, en las que paso por unas emociones totalmente opuestas, de la alegría así exaltarte a una crisis de nervios, entonces me ha dado oficio. Prácticamente tengo que andar como afiladita, como una cuchilla, me da mucha cancha y eso me encanta porque es una cosa en la que se practica permanentemente, tienes que volverte muy recursivo y muy rápido.

-¿Y qué diferencia la televisión del teatro?
El teatro es con el público en vivo, es más directo, sientes que sales a la escena y hay una respiración de las otras personas que están ahí, hay el calor, la piel y no te puedes equivocar porque es un acto único. Esa es la otra parte del teatro, emocionante. Entonces, son dos medios que antes pensaba que eran como antagónicos y en este momento pienso que estoy feliz de poder impulsionar a los dos y me hacen mucha falta. Si dejo de hacer televisión, me hace falta e igual sucede si dejo de hacer teatro. Me gusta estar permanentemente haciendo los dos porque me parece que me complementan. Usted ha visto durante el tiempo que tiene actuando, cómo ha evolucionado la televisión colombiana

-¿Cómo te parece ese proceso en que la televisión colombiana está dando tanto de qué hablar internacionalmente?

Me siento muy orgullosa, aquí hemos tenido ciertos conflictos mucha veces, porque ha habido épocas en que las empresas, las programadoras y los canales, han querido de pronto como homogeneizar los productos y venderlos como en un acento neutro para que se pueden vender en Venezuela, en México y nos quitan ciertos regionalismos y siento que eso no les ha funcionado. Cuando mejor han funcionado los programas colombianotes, es cuando han sido más colombianos, como en ‘Café’, ‘Betty La Fea’ y ‘Hasta que la plata nos separe’. Eso me encanta, saber que yo estoy participando en una televisión que se ha tomado un puesto en América latina, porque antes cuando estaba joven eran los venezolanos y los mexicanos, quienes nos daban clase. Ahorita me parece que la televisión colombiana tiene un lenguaje propio colombiano, y me agrada que eso se esté viendo afuera. Y los ejemplos son estas novelas que mencioné, que se han visto en ochenta países, han sido traducidas a muchos idiomas. Yo estuve en un festival de teatro en Israel precisamente gracias por haber estado en ‘Café’, y el público que empezó a verme eran israelitas, gente de allá, que habían aprendido a hablar español por las novelas colombianas. Me siento orgullosísima de eso y soy una defensora de nuestro estilo de hacer novelas, de nuestro lenguaje, de nuestra manera de contar historias, de una de las maneras, no me estoy negando a las otras, pero me parece que nos ha dado una identidad maravillosa a nivel internacional.

-¿Qué herramientas utilizas para preparar tus personajes?
Muchas, voy a decir una cosa, que es muy chévere, se me acaba de ocurrir, por primera vez la digo, como dicen por allí que cada niño nace con un pan debajo del brazo, debo decir que cada personaje tiene el pan debajo del brazo, trae como el método. Tengo más o menos unas generalidades que uso en todos, pero depende del personaje, hay personajes que primero me invento la pinta, o la imagen, tengo un closet en mi casa gigante de ropa, de ropa antigua, de ropa nueva, de colecciones, gafas guantes, y miro allí y digo, este personaje me lo imagino, así. Normalmente, si es un personaje con alguna profesión, por ejemplo si me dicen que es un médico o un abogado, investigo, siempre investigo, si es una profesional. En ‘Café’, que era una recolectora, fui a la zona cafetera, y hablé con recolectoras, miraba como cogían el café, y me metí como a un curso, hice una tejedora de sombrero, y tomé clases con una tejedora. Después, me tocó hacer un personaje de una mujer que era manicurista y peinadora a domicilio y me inscribí en una academia de belleza. Así que aprendo el oficio que corresponda al personaje, que se vea que yo sé manejar el instrumento, leo libros si hay sobre el tema. Otro ejemplo, hice de empleada de servicio, me leí algunas cosas sobre el servicio doméstico, entrevisté a mis empleadas, a las empleadas de mis hermanos, a las de mi mamá, a las de mis tías, con grabadora y un cuaderno. Si es una señora de la alta sociedad, trato de hacerme invitada de algún club, o alguna reunión así muy exquisita para ir y mirar. Luego, leo mucho sobre eso. Otra vez hice un personaje de una mujer que termina ciega, fui a un instituto de ciegos, hacía ejercicios en mi casa como taparme los ojos, tratar de hacer todas mis rutinas con los ojos cerrados, de bañarme, lavarme los dientes, de comer, trato de buscarle por todos los lados muchos puntos de vista al personaje, porque mientras más esté llena de eso más rico va a ser el personaje después. También tengo dos personas que me ayudan, como mi socia, que es quien me ha dirigido en teatro, y por otro lado una gran amiga y gran actriz que se llama Ana María Sánchez, y las dos nos apoyamos mucho en eso. Yo la llamo a mi casa, le muestro y le digo: “Mira tengo este dibujo, esta idea”.

-¿Y qué crees que llevará al televidente a ver ‘Clase Ejecutiva’?
Unos personajes muy colombianos, sin ser esto costumbrista, son muy nuestros, no sólo por los acentos, sino por las maneras de ser, la malicia, el humor y las cualidades. La gente también se va a reconocer en las diferentes situaciones que se presentan en el trabajo.