Martín Karpan


Martín Karpan vuelve al humor en ‘Clase Ejecutiva’. No le gusta ver fútbol, no le tiene miedo a nada y se considera maravilloso y único.

En la comedia ‘Clase Ejecutiva’, que se estrenó recientemente por el Canal Caracol, el argentino Martín Karpan da vida a Julián Coronado. Su personaje es el sobrado del grupo, el “más”, el hombre para el que “la palabra imposible fue inventada para justificar la incapacidad de los mediocres” y el que le dice a su novia cómo debe vestirse, sentarse, comer y hasta hablar.

Sobre él mismo en la vida real, el gaucho atina a decir, entre carcajadas, que a él nada le queda grande, que no le tiene miedo a nada, que es el mejor novio que una mujer podría tener y que es un ser único y maravilloso.

Karpan, de 36 años, mantiene cautivados a los espectadores desde que llegó a Colombia, hace siete años, para protagonizar ‘El auténtico Rodrigo Leal’. Incluso conquistó a mujeres tan bellas como la ex virreina universal de la belleza Carolina Gómez y la actriz Zharick León, con quien tuvo a su primer hijo, Luciano, de dos años.

-¿Cómo te sientes en las grabaciones de ‘Clase Ejecutiva’?
Me he sentido muy cómodo, improvisando bastante y disfrutando el día a día de las grabaciones. Estoy con un grupo de trabajo integrado por los mejores y es realmente una buena puesta en escena.

-¿Y cómo definirías esta nueva comedia?
Es un grupo de ejecutivos, integrado por todos unos “desadaptados”, que harán lo que se les ocurra con tal de quedarse con la gerencia.

-¿En qué te pareces a Julián Coronado, tu personaje de ‘Clase Ejecutiva’?
Lo compongo yo, entonces hay una especie de simbiosis. Sobre todo, hago lupa en ciertos sentimientos y emociones, que tal vez en mi vida no están tan agrandados como el miedo al ridículo y, un poco, la cosa neurótica.

-A tu personaje le define la palabra competitivo, ¿cuál a ti?
No sé cual me define. No está entre mis capacidades el poder definirme porque, además, creo que cambio todos los días. Pero, si tuviera que hacerlo, diría que soy indefinible.

-Tu personaje es un hombre sobrado, ¿y tú?
Soy un ser maravilloso y único, pero no más maravilloso y único que el resto de la humanidad; en cambio, Julián no. Él cree que sí es mejor que todos.

-¿Acostumbras a decirles a tus parejas cómo deben vestirse, comportarse, comer y sentarse, como Julián hace?
No. No me gusta que comanden mi vida, así que tampoco lo hago con la de nadie.

-En tu vida, ¿para qué cosas tienes corona?
Para el amor siempre tengo una corona. Soy el rey.

-¿Cuántas veces te han coronado?
(Risas) Muchas veces. Cuando uno lleva la corona, se acercan personas coronadas o gente que quiere de alguna forma coronarse, pero siempre llega la reina para un rey.

-¿Qué lugar ocupa el humor en tu vida?
Todo el tiempo. Es algo que me hace bien. Me relaja. Es una catarsis en mi vida. Busco siempre estar rodeado de gente que me hace bien. La sonrisa es el reflejo de la paz.

-Te has convertido en una especie de galán cómico en Colombia, ¿te gustaría ser un galán conquistador?
Soy actor. Me gusta jugar y disfrutar las facetas de este trabajo. Cada día le tengo menos miedo a probarme.

-¿Por qué funciona la fórmula Karpan-Toro?
Creo que somos como las parejas, porque tenemos química y eso es lo que mueve las relaciones de cualquier tipo: laborales, de amistad y amorosas. A Jhon Alex Toro, le admiro y le quiero, pero la base es la química.

-¿Son necesarias las comedias en el horario estelar?

Son necesarias en el Prime, como al mediodía, como a las 4 de la mañana. Reírse es saludable, deberíamos hacerlo más seguido.

-¿Cómo sigue tu rol de padre?
Maravilloso. Es la mejor aventura de este momento. Me siento pleno, extasiado.

-¿Qué te ha enseñado tu hijo Luciano?

A ser mejor persona. Me enseñó lo que es el amor en su expresión más pura y real.

-¿Qué no te gustaría que tu hijo repitiera de ti?
Creo que él debe vivir sus experiencias. No voy a condicionarle nunca. Sus errores serán sus errores, como lo fueron los míos. No pienso enseñarle a partir de mis errores. Esa será su aventura. Su vida.

-¿Qué te ha quedado grande en la vida?
Nada. Todo lo que me toca es porque me tiene que tocar y de alguna forma siempre he sabido manejarlo. Hay cosas que son más difíciles que otras para resolver, pero siempre he tenido la capacidad de solucionarlas.

-Apareces en Internet haciendo striptease, detrás de las cámaras cuando grababas ‘El Cuerpo del Deseo’, ¿dónde lo aprendiste?
(Risas) En ningún lado, pero en todo caso soy muy autodidacta.

-¿Qué tanto te trasnocha el fútbol?
Cero. Soy el mejor novio que podría tener una mujer. No veo fútbol en ningún momento de mi vida. No me absorbe ni un solo minuto de mi tiempo. No sé quién juega, no veo el Mundial. No veo ni siquiera a Argentina. Que gane o pierda me afecta cero.

-¿Y las mujeres te trasnochan?
Tampoco, a menos que nos trasnochemos juntos. Pero que lo hagan porque ocupan mi cabeza con alguna preocupación, no. Como lo dije antes, me gusta rodearme de gente que me hace bien.

-¿Por qué es tan difícil ser fiel en este medio?
Lo difícil es ser fiel a uno mismo en cualquier medio. Este lo único que tiene de diferente es que se está expuesto todo el tiempo. No hay diferencias entre un actor o un abogado. Más que difícil es complejo el concepto de la fidelidad.

-¿Qué te enorgullece?
Del bien que hago a la gente que me rodea. Soy de las mejores cosas que te podrían pasar. Y no es una presunción. No estoy diciendo soy lo mejor, sino que soy de las mejores cosas que te podrían pasar. Siempre hago el bien.

-¿A qué le tienes miedo?
A nada, tal vez a mí mismo. Cada día menos, eso sí.

-¿Qué te descontrola?
La ignorancia, el poder desmedido y el odio.

-¿El último libro que leíste?
‘Una novelita lumpen’, de Roberto Bolaño.

-¿Por qué decidiste ser actor?
La actuación me dijo sí a mí, en realidad. Nos fuimos conociendo y aceptando que esto era lo que quería para mi vida, que es lo que me hace bien.

-¿Un piropo femenino que te haya intimidado?
No. Soy difícil de intimidar, por lo menos con piropos. Quizás con alguna otra acción, pero un piropo me causa más gracia que timidez. Me hace reír.

-¿Cómo superas un mal trago?
Con un buen trago por su puesto y con el antídoto que siempre está por ahí suelto para que lo bebamos, el elíxir.