Alejandra Azcárate, de actriz a comediante


Alejandra Azcárate se estrena como comediante en su stand up, ‘Descárate con la Azcárate’, la actriz colombiana ha salido en la portada de diversas publicaciones, en las que habla de cómo son los hombres y las mujeres al enfrentar las relaciones de pareja.

La comediante y actriz Alejandra Azcárate, quien se encuentra en su gira con su stand up comedy, habló sobre su vida, su visión personal sobre las relaciones de pareja, la convivencia y la concepción que tiene de cada género.

Alejandra ha sido reconocida por sus colegas comediantes por su disciplina de trabajo. Trabajar con ellos, la mayoría hombres, no ha sido difícil, dice. “Trabajo con seis hombres y yo, pero no hay machismo. Mis compañeros son amorosos conmigo y muy generosos, ensayamos muchas horas antes de grabar y es una relación de retroalimentación, porque yo les sugiero algunas cosas y ellos a mí. Hemos creado un grupo maravilloso y siempre nos reunimos en distintas casas, organizamos almuerzos o comidas juntos porque nuestro trabajo es analizar la cotidianidad y el solo hecho de estar juntos nos produce una cantidad de material”.

Alejandra Azcárate mostró su lado frágil, a pesar de ser la villana de ‘Amor en custodia’. Guerrera y delicada, desenfadada y bella, construye su vida y su carrera con un viejo corazón.

-Alejandra, ¿se te acercan a pedirte consejos de pareja?
Después de que ven el show no me piden que les aconseje nada. Pero sí escucho comentarios por ejemplo de hombres que dicen: “increíble que uno pague una boleta, para que nos den tan duro y todo sea verdad”.

-¿De dónde salió el stand up comedy?
Empecé con la idea cuando terminé ‘En los tacones de Eva’. Recopilé material que tenía escrito y lo complementé con situaciones cotidianas. Luego lo edité con ayuda de Gerardo, mi papá, un hombre con un humor negro exquisito y un gran escritor.

-¿Qué tal ha resultado la aceptación del público de ‘Descárate con la Azcárate’?

Estoy gratamente sorprendida, cuando empecé mi monólogo en Bogotá, la boletería está agotada. La gente estaba comprando las boletas con una semana de anticipación. Es una responsabilidad muy grande, porque no sabes a qué clase de público te enfrentas y siempre existe el temor de que no les guste lo que haces, pero afortunadamente me ha ido muy bien.

-¿De qué se pierde una mujer si se casa y de qué se libra?
Se pierde por ejemplo de poder viajar sola o con amigas, porque si uno lo hace está avalando que el marido lo haga también y si él lo hace a uno no le va a parecer tan chévere. Se priva de espacio en el closet, de manejar el control remoto y de escoger las películas. Y de qué se libra: de encontrarse otro peor.

-¿Cuál es ese prototipo de hombre que la inspira para hablar en un show?
Justamente esos hombres que dicen que: “yo no llevo a mi mujer, porque la Azcárate me la despierta”. Esos son los que realmente más me inspiran.

-¿A qué se tiene que acostumbrar un hombre y a qué una mujer?
El hombre al arte de manipulación nuestra, es decir, nosotras somos unas grandes artistas para manipular no siempre en el mal sentido, en el bueno también y ellos se tienen que acostumbrar a eso para no caer en el juego y si caen, hacerlo de una manera divertida para no sentirse manipulados. Y las mujeres tenemos que entender que el cerebro del hombre y su manera de ser no operan igual que el nuestro, porque ellos nos pueden amar profundamente pero no lo expresan de la misma forma. Entonces uno se tiene que acostumbrar a leer los mensajes del otro para entender ese amor.

-¿Eres tan chistosa en tu vida diaria?
El humor es una enfermedad hereditaria, vengo de una familia maravillosamente disfuncional y vehemente. Mi papá es un caníbal con la lengua y mi mamá es una mujer graciosísima, mi hermano es igual. El humor es un don, es el antídoto contra la tristeza.

-¿Tus amigos y tu esposo, se aguantan tu sarcasmo?
Todos tienen la característica de ser personas alegres, con la capacidad de burlarse de ellos mismos. Por ejemplo, el hombre con el que yo quería estar no era un payaso, que me estuviera contando chistes todo el tiempo, sino un hombre alegre, con sentido del humor.

-¿Cuándo apareció Miguel en tu vida?
Llegó cuando había perdido la fe en el amor.

-¿Quién te había decepcionado?
Había terminado varias relaciones y cuando le conocí, me di cuenta de que era posible; recuperé esa ilusión. Es un tipo familiar, cree en Dios, es exitoso en su trabajo y lo admiro. Es bueno de alma, descomplicado, hipersencillo, amoroso y soy una prioridad en su vida.

-¿Cómo ve tu pareja tu carrera?
Me deja ser y me acompaña, comparte la libertad y respeta la individualidad.

-¿Te ves envejeciendo con él?
Miguel comprende realmente ese concepto de confianza. No visualizo mi vida sin él y sé que a él le pasa igual. No sé si mañana las cosas cambien, pero hemos construido realmente un amor sano, que lo vemos muy largo.

-¿Y los hijos?
Siempre he amado a los niños, me encantan, pero soy consciente de la responsabilidad que es traer a un nuevo ser. Un hijo no se improvisa, a la gente le puede parecer muy egoísta que yo diga que no quiero tenerlos porque culturalmente las mujeres estamos prediseñadas para la maternidad, pero tengo la ventaja de que mi esposo y yo estamos de acuerdo.

-¿Tienes algo de villana como tu personaje de ‘Amor en custodia’?
Lo único que tengo de mala es el empaque. No me importa que la gente me quiera o que me odie, sólo me interesa que me respeten.

-¿Cuándo fue tu debut actoral?
Toda mi vida, estudié teatro y baile. En los paseos, por ejemplo, montaba obras de teatro y al final pasaba el sombrero y les cobraba a los tíos y primos.

-¿Y cómo recuerdas tu paso como presentadora y en la radio?
Llegué por casualidad a la radio. Un día estaba hablando de lo mala que me pareció ‘El barco pirata’, el comentario hizo que me llamaran de ‘La Mega’. La radio fue el gran trampolín de lo que se vino después en televisión.

-A la hora de trabajar, ¿qué es lo que más te cuesta?
Detesto madrugar, pero ahora me toca, porque si no, no me rinde el día.